14 de julio de 2008

Nuevas reformas ortográficas



Para que la cultura crezca y uno poder lucirse, la Real Academia de la Lengua dará a conocer el modelo siglo XXI de la ortografía española, que tiene como objetivo unificar el español como lengua universal de los hispanohablantes. Este es un documento revelador de cómo se llevará a cabo dicha reforma que entrará en vigencia poco a poco, para evitar confusiones.

La reforma hará mucho más simple el castellano de todos los días, pondrá fin a los problemas de ortografía que tienden trampas a futbolistas, abogados y arquitectos de otros países, especialmente los iberoamericanos, y hará que quienes hablamos esta noble lengua nos entendamos de manera universal.

De acuerdo con el informe secreto, la reforma se introducirá en las siguientes etapas anuales:
Supresión de las diferencias entre C, Q y K. Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la K (este fonema tiene su definición téknika lingüística, pero konfundiría mucho si la mencionáramos akí) será asumido por esta letra. En adelante, pues, se eskribirá kasa, keso, kijote.
Tambien se simplifikará el sonido de la C y la Z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamericanos, ke konvierten todas estas letras en un úniko fonema S. Kon lo kual sobrarán la C y la Z: "El sapato de Sesilia es asul". Asimismo, se funde la B kon la V; ya ke no existe en español diferensia alguna entre el sonido de la B larga y la V korta. Entonses, a partir del segundo año, desapareserá la V y beremos kómo bastará kon la B para ke bibamos felises y kontentos.

Pasa lo mismo kon la LL y la Y. Todo se eskribirá kon Y: "Yébeme de paseo a Sebiya señor Biyar". Esta integración probokará el agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia. Toda B será de baka. Toda B será de burro.
La H, kuya presensia es fantasma en nuestra lengua, kedará suprimida por kompleto: así, ablaremos de abichuelas o alkool.

A partir del terser año de esta implantasión, y para mayor konsistensia, todo sonido de ERRE se eskribirá kon doble R: "Rroberto me rregaló una rradio".
Para ebitar otros problemas ortográfikos, se fusionarán la G y la J, para ke así jitano se eskriba komo jirafa y jeranio, komo jefe. Aora todo ba kon jota: "El jeneral jestionó la jerensia". No ay duda de ke esta sensiya modifikasión ará ke ablemos y eskribamos todos con más rregularidad y más rrápido rritmo.

Orrible kalamidad del kastellano son las tildes o asentos. Esta sancadiya kotidiana jenerará una asión desisiba en la rreforma; aremos komo el inglés, ke a triunfado sin tildes. Kedaran ellas kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bocablo.
Las konsonantes ST, PS o PR juntas, kedaran komo simples T, S o R kon el fin de aposimarnos lo masimo posible a la ponunsiasión de los iberoamericanos. Kon el kambio anterior diremos ke etas popuestas osionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua.
Tambien seran proibidas siertas konsonantes finales ke incomodan y poko ayudan al siudadano. Asi, se dira: "¿Ke ora e en tu relo?", "As un ueko en la pare" y "La mita de lo aorro son de Agusti". Ente ellas, se supimiran las eses de lo purale.

Depue yegara la eliminasion de la D del partisipio pasao y kanselasion de lo atikulo. El uso a impueto ke no se diga ya "bailado" sino "bailao", "serbido" sino "serbio" y "benido" sino "benio". Kabibajo asetaremo eta kotumbe bulgar, ya ke pueblo ya no manda, al fin y al kabo. Dede el kinto año kedara supimia esa D intebokalika ke jente no ponuncia.

Sera un poko enrredao en pinsipio, y ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etanjero beran ke tarea de aprende nuebo rresulta ma fasil. Profesore terminaran benerando akademiko ke an desidio aser rreforma klabe para ke sere umano ke bibimo en nasione ispanoablante gosemo berdaderamente de idioma de Serbante y Kebedo.

Eso si: nunka asetaremo ke potensia etanjera token kabeyo de leta eñe. Eñe rrepesenta balore ma elebado de tadision ispanika y pimero kaeremo mueto ante ke asetar bejasione a simbolo ke asio korason bibifikante de itoria kastisa epañola unibersa."

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10 de julio de 2008

Kirlian mode

Estoy shockeado...



El viernes pasado pude ver el aura de una persona













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9 de junio de 2008

Otoño-invierno

Vos sabías que iba a caer. Por algo elegiste cuidadosamente cada una de las palabras, sabiendo que todas eran nosotros y como en ese cuento de Cortázar, una voz latosa estática, al fondo de la línea, va repitiendo número tras número. Los tiempos cambiaron y ésta vez fue por celular... sombra... calle... humo...
La ansiedad nos hacía decir incoherencias, ¿te acordás? No entendiste nada de lo que te contaba sobre el tren, los disparos y los racimos de gente en las vidrieras donde había televisores. Realmente no nos importaba esta vez.
No perdimos tiempo: yo desabroché tu camisa y vos desgarraste la mía. No usamos vasos convencionales: tomaste Septiembre de mi boca y yo bebí el ardor de tu sexo irreprimido. No usamos brújulas ni mapas: vos te enredaste entre mis brazos y mis piernas, yo me perdí en el laberinto de tu pelo. Lo hicimos (primero) en la cocina, reptando entre cacerolas y espátulas colgantes. Sin disimular la perversidad en mi mirada, te propuse usar algunos juguetes, pero entre risitas nerviosas y vacilaciones nos decantamos por untarnos la crema chantillty del postre de esa cena que nunca fue. Lamí tu vientre hasta volver a encontrar tu piel de dulce de leche, sorbí el estremecimiento de tus hombros y ahogué tus gritos en mi boca incontrolable.
Horas después, no quedaba ni la sombra del invierno, acurrucados uno en otro junto al fuego. Desde el living de luz azul que tanto te había gustado, nos llegaba la voz de Sting cantando "I burn for you". Allá a lo lejos, tras los vidrios de hielo, jugando entre los árboles espectrales, el humo de las chimeneas y los irreales sonidos de una calle apenas desierta.
"¿Tenemos futuro?" Te pregunté al despedirnos. Vos bajaste los ojos y yo escondí mis lágrimas. Esa respuesta que desconocemos es hoy nuestro fantasma.









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29 de mayo de 2008

Ocasión de reencuentro

Dieciocho años es mucho, ¿no te parece? Casi teníamos esa edad cuando dejamos de vernos.
Ella encontró mi número, big deal! Córdoba sigue siendo un pueblo.
Hablamos más de media hora por teléfono, no sin antes advertirme que si cortaba repentinamente era porque había regresado su marido, y que comenzaría a despedirse como si yo, del otro lado de la línea, fuera una vieja amiga. Hasta podría llegar a llamarme Daniela, si se veía en esa necesidad.
Me contó de sus chicos, claro. Yo le conté de los míos. Intercambiamos opiniones, que hoy por hoy se encuentran diametralmente opuestas, creo que gracias a Dios.
Ella habló un poco de más, quizás. Yo me reservé unas cuantas disculpas y omití rencores, que al fin y al cabo no conducen a nada.
Le mandé una foto (actual) de celular a celular, mientras por el fijo seguíamos charlando.
-Siempre dije que las canas le quedan muy bien a algunos hombres -comentó.
-Gracias por lo de "hombre" -me salió contestarle. Hace dieciocho años tal sustantivo adjetivado en mí era tan improbable como la muerte o esto de mandarnos fotos por teléfono.
-Te aceptaría un café si me lo propusieras ya mismo.
-¿A mí o al señor de canas?
-Creo que podría volver a enamorarme si fueran el mismo.

Tragué saliva y be still my beating heart. No me histeriquees ahora, nena...
-Conozco un barcito en la Rodríguez Peña, al lado de La Colmena, si me das media hora para llegar...
-Te doy una hora, casi lo que me lleva volver a ser un poco más yo y no tanto mi vieja(*). Decime una cosa ¿tiene que ser ahí justamente?
-¿Te parece que puede haber otro lugar?
-Me parece que no.


Me bañé, no me afeité. Creí necesario reforzar esta nueva (para nosotros) categoría con una barba que ya contaba con tres días, solo por unas horas más, hasta la mañana siguiente en que las obligaciones sociales de este hombre me volvieran a colocar frente a frente con la afeitadora, el espejo y la mortecina luz de mi baño. Por un momento empecé a pensar en cómo se las iba a arreglar para "escaparse" siendo que su marido estaba al caer, pero al instante recordé que en definitiva no era problema mío, que una cosa es que esto de volver a verla después de tanto tiempo me tenga así de entusiasmado y otra que me vuelva a brotar la gastritis por… (¡mierda! ¿es que todos los maridos tienen que ser grandotes?)
Alcancé a manotear el mp3 y unos pesos que se esforzaban por esconderse al fondo de la mesita de luz. Del calor del departamento al fresco de afuera y del fresco nuevamente al calor pero del auto. ¿Vos creés en los presagios? ¿Te gusta clasificarlos?
Iba manejando y cantando. Manejaba sin ver los autos, las luces, las gentes, los carteles.
Cantaba sin saber lo que había puesto. Conduje toda la noche reventando los cambios con mis ojos de Durax lastimado, por Dios, la ruta está trabada y fría y cae… ¿Qué estoy diciendo?

Llegué primero, algunas cosas no cambian… ¿Oia? No, no… error. Ella estaba esperando y seguramente ya se había dado cuenta, al verme llegar, buscarla, no encontrarla e inferir en el gesto que estaba retrasada, que no la reconocí.
Lo dicho: dieciocho años es mucho, ¿no te parece? Ella está tan linda… ella es tan linda. Solo de saxo.

Como corresponde, recorrimos absolutamente todos los ítems del catálogo de cosas que NO se deben decir en semejante ocasión de reencuentro: mis ex, su marido, los trabajos, los achaques, las derrotas, las estupideces, los escasos aciertos, la política, la economía, el largo camino estudios-pareja-laburo-matrimonio-fracasos-decepción-depresiones. Los chicos, ¿cómo no? Cuánto aprendimos en tan poco tiempo, cuántas cosas nos pasaron por encima, cuántos caprichos e inmadureces tirados en una bolsa junto con pañales sucios, frascos de jarabes vacíos y ojeras.
Y las risas y los recuerdos y la recorrida por los momentos, los lugares y la gente, nuestra gente de entonces, los que ya no están, otros que andá a saber, y la música… siempre la música, siempre nuestro eje, ¿te acordás aquella vez en La Rumba? ¿Y esa vez en Juan(**)? ¿Y cuando por esquivar petardos nos caímos a la pileta y después nadie nos quería dejar subir a su auto? Esa noche juré no volver a salir a menos que tuviera mi propio auto.

Hay silencios que se esquivan, se evitan, se temen, esos silencios cuya sola compañía es un incómodo malestar en la silla. Pero hay silencios que se provocan, pausas mínimas, ensayadas, absolutamente intencionales, un suspiro contenido y las manos relajadas sobre la mesa. Ella cayó, aunque nada de eso fuera una trampa; se animó y tomó mi mano, junto al servilletero de madera, quizás pensando que de esa forma lograría librarse, al menos un poco, de mi mirada viajera entre sus ojos y su boca. No se por dónde habrá andado ella en esos instantes, yo volé por los ochenta, los veranos en las sierras, los inviernos en el centro, los Tofis y los cafés en el barcito de Obispo Trejo, antes que ella entrara a clase.
Pagué los cortados y salimos, ella con mi campera puesta, mi mano sobre su hombro. Cruzamos la calle hasta el auto, estacionado del lado de la plaza Colón. Todavía no eran las 9 de la noche y aún había tiempo para algunas canciones en la intimidad improvisada del auto.
No recuerdo en qué momento estuvimos de acuerdo en reconocer que un beso (o un par de ellos) en semejante ocasión de reencuentro iba a ser todo un despropósito. Quiso el destino capacitarnos a su debido tiempo para reírnos juntos de semejante ocurrencia. Al menos eso pensé yo, que era para reír.
Ella se ensombreció de golpe. Apretó el encendedor del auto y miró hacia la calle, lejos.
-Hace más de un año que no tenemos sexo con Claudio -me dijo mientras prendía un cigarrillo y bajaba la ventanilla. Me extrañó una confesión así, ella no es de hablar de esas cosas.
-¿Por? Digo, si no es mucha indiscreción...
-Está todo mal... desde hace mucho.
–Su respuesta, con la misma mirada perdida en la esquina de Santa Rosa y más allá..
Le dije que si la cosa estaba así de mal por qué no se separaba.
Me contestó que la típica, que los chicos, que la guita, que a dónde voy a ir… con la Estela(***) ni en pedo vuelvo.
Yo me quedé mirando el centro del volante por unos segundos que parecieron siglos, ella tiró el cigarrillo a medio consumir por la ventanilla, giró sobre el asiento, y me miró con gesto grave, como si hiciera falta, cuando el aire podía cortarse con la lapicera que había sobre el tablero. Y como afirmando lo que decían sus ojos en silencio, puso su mano sobre mi pierna, un poco más arriba de la rodilla de lo que uno está (mal) acostumbrado en semejante ocasión de reencuentro.
Miré su mano en mi pierna. Recién ahí sentí la incomodidad que me producía el anillo en su dedo. Ese anillo que por dentro seguramente decía "Claudio" y una fecha y no Gabriel y el símbolo del infinito.
Puse el auto en marcha, un acto reflejo.
-Más de un año es mucho… ¿no te parece? -le pregunté tapando el anillo con mi mano derecha mientras ponía primera.

(*) Mi vieja=Estela
(**) Juan=Juan Boliche, Villa Allende
(***) Estela=Mi vieja

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23 de mayo de 2008

Feliz cumpleaños!!





Oh what a feeling I get when I'm with you
You take my heart into everything you do
And it makes me sad for the lonely people
I walked that road for so long
Now I know that I'm one of the lucky people
Your love is making me strong

I've had enough bad love
I have something I can be proud of
I've had enough bad love
No more bad love

And now I see that my life has been so blue
With all the heartaches I had 'till I met you
But I'm glad to say now that's all behind me
With you here by my side
And there's no more memories to remind me
Your love will keep me alive
I've had enough bad love
I have something I can be proud of
I've had enough bad love
No more bad love


No hacen falta traducciones para quien entiende todo esto... lo que se dice, lo que se canta, lo que se siente.
Feliz cumple para vos.




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22 de mayo de 2008

¿Crisis? ¿Qué crisis?


Cicatrices físicas: 5 en la cara, 1 en un tobillo
Intervenciones quirúrgicas: 2 en la nariz, 1 amigdalotomía
Canas: más que unos cuantos y menos que otros tantos
Lágrimas derramadas: dolor: 78.6 litros, risa: 22.4 litros
Insomnio: si
Estudios gástricos: 1
Incursión en drogas: 0
Borracheras memorables (si cabe la paradoja): 2
Oídos: 1 y ¼
Vista: sin lentes por ahora ;)
Peso: 78 kg (llegué a 85.5 kg)
Altura: 1.66 (y bajando)
Tratamientos capilares: 1 (en progreso)
Consultas a urólogos: 3
Tratamientos sicológicos: 5
Esposas: 1
Divorcios: 1
Amores imposibles: 1
Amantes: 1
Concubinatos: 1
Hijos: 1
Novias: 25
Corneadas: 3 (que yo sepa :S). 2 de ellas a cargo de una sola ex-novia
Actos sexuales: mucho menos de lo que hubiese querido, pero más de lo que podría esperarse
Pescadas por suegros en ESE momento: casi 1
Pescadas por marido en ESE momento: casi 2
Enamoramientos con profesoras: 1
Enamoramientos con alumnas: 1
Promedio universitario: 7,85
Banderas portadas en actos escolares: 0
Amonestaciones: 0
Años escolares repetidos: 0
Materias llevadas: 0
Menciones por mejor compañero: 0
Título secundario: técnico en electrónica (bien, gracias)
Título universitario: Analista de Sistemas
Materias rendidas a machetazos: 13
Mudanzas: 26
Sueños recurrentes: 4
Intentos de suicidio: ½
Comuniones: algunas docenas
Partidos de fútbol ganados: como jugador: 17, como hincha (de Boca): miles! :p
Entradas en la policía: 5 ó 6 (certificaciones de domicilio y otros cargos leves)
Enfrentamientos a puño: 4. Victorias: 0; empates: 0; Derrotas: 4 :S
Asistencia a funerales: 5
Papelones: cantidad necesaria
Sueños cumplidos: 3 (uno de ellos... estoy mirando tu foto en mi mesa de luz)
Recitales de rock: desde abajo del escenario: 29; como plomo: 5; desde arriba del escenario: 17
Multas de tránsito: 4. Pagadas: 2
Intentos de asesinato: 1
Caídas de la cama: not enough data
Filiación partidaria: no, gracias
Grado militar: no, gracias
Cinturón de karate: transparente
Hermanos: 1 (grandote, jodido y cabrón... pero con un corazón así de grande)
Empleos: 5
Mentiras dichas: más de las necesarias, menos de lo que muchos suponen
Autógrafos conseguidos: 3 (Kempes, Baglietto y Vitale. Los dos últimos con intermediarios)
Fotos con famosos: 1 (Rolo Puente)

Edad: 40





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20 de mayo de 2008

Y ahora ¿qué?





Y tus ojos ¿veían la tragedia a la vuelta de la esquina del almanaque?
¿Pudiste alguna vez oler otra cosa que el pasado?
¿Preparaste tus manos para aferrarte cuando el hielo bajo tus pies terminara por quebrarse?
En los años que siguieron ¿hubo algún otro sabor que el de las frutillas esa noche de marzo?
Cuando ya es tarde para todo, tus oídos se cerraron y te dejaron desnudo de sensaciones, enfrentando los demonios de la comunicación –antes arcángeles-, solo. Absolutamente solo como se supone que un hombre valiente debe pararse de cara al silencio atronador de la sentencia final e inapelable.
Ahora que todo pasó a tu lado sin que te hubieras permitido tocarlo, saborearlo, olerlo, verlo, escucharte, ahora que llegaste a ese acantilado que por años perseguiste en sueños ¿serías capaz de decir “acepto” y dejarte caer lo suficiente para volar hasta donde flotan tus pies y colorear de rojo-fuego-atardecer la sangre que jamás permitiste circular?
¿Te rendirías de una vez por todas?








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25 de febrero de 2008

2026


Vive en este departamento desde hace casi dos años, desde cuando se cansara definitivamente de viajar y viajar, de trasnochar, de quedarse dormido, de quedarse despierto, de quedarse de un amigo, de la novia, de los suegros. Afirmará –a quien pregunte- que solo toma cerveza negra, haga frío o calor; dirá –quizás con excesiva vehemencia- que el vino blanco es cosa de incultos. Su mundo de soltero despreocupado se reduce a este monoambiente soleado de calle Pellegrini donde reinan los papeles desordenados, las fotos de prueba, las lámparas, los borradores.
Nunca compró cama, pero sí un colchón (esta vez de dos plazas); dice que por mucho tiempo sus padres lo obligaron a dormir en una cama cuando su pasión fue, es y será, dormir en un colchón en el suelo.
No te mira, te ve.
Entonces
te ve con gesto distraído, casi sin reparar en tu presencia. Pero si te llegase a mirar, en algún momento podrás notar que su mirada cambia de ángulo (aunque sin mover la cabeza) y las pupilas se contraen y expanden a su gusto y satisfacción. Es así que todo lo mide en luces y sombras, en colores y reflejos, en distancias y profundidades. Sus cámaras entonces, son una extensión de su mirada.
Sonríe.
Sonríe todo el tiempo. Hace chistes sutiles cuando está de mal humor (las menos). Hace chistes guarangos todo el tiempo. No pide por favor con palabras, sí con el gesto. Hace rato que dejó de acomodarse el flequillo hacia los ojos, ahora, mientras te sigue refutando cualquier opinión con argumentos olímpicos o caprichosos, estira hacia atrás, con la mano derecha, el mechón que le hace cosquillas en la frente.
Reniega de su atractivo, pero en el fondo te das cuenta que está orgulloso, feliz y agrandado. Hace tiempo dejó de usar la excusa del casting para conversar con alguna chica. Cuando se le antoja recorre la costanera cámara en mano y hace que saca fotos aquí y allá; de repente se detiene cuando observa a alguna que le haya llamado la atención (muchas, si me preguntan), se acerca y directamente le ofrece si quiere posar para un par de fotos. El resto viene solo, de la mano de su simpatía y su pinta de buen tipo.
Una vez se puso serio.
Aún desconozco qué pasó esa tarde que volvió con gesto sombrío y encendió un segundo cigarrillo (solo fuma uno por la mañana). Se sentó en la cama con el cenicero en la mano derecha, cruzó las piernas sobre el edredón sin importarle estar calzado y se quedó quieto. Me vio en silencio unos segundos mientras el cigarrillo se consumía más en su mano que en su boca. Al fin, con un suspiro entrecortado y un par de lágrimas en los ojos soltó un tenue “por qué?”
No le pude contestar.
Aunque hubiese podido.
Aunque hubiese tenido la respuesta.
Tal vez le habría podido proponer cambiar el “por qué” con el mejor aplicado “para qué”.
Tal vez le habría podido ofrecer un abrazo en silencio.
Pero cómo explicarle desde esta foto que soy sobre su cómoda que casi nunca las cosas salen como esperamos?










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14 de febrero de 2008

Ya se...

es una gilada
digo
esto de San Valentín







bueno... eso
nada


te veo y...


no me sale
nada

más que un te amo asssssssssssssí de grande

17 de enero de 2008

Y además...


...vos sos el sol.



(lo que sueño concluye en algo)




,:,

14 de enero de 2008

Cecilia





Algún día...
Enero dejará de ser difícil







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18 de diciembre de 2007

Cambios

Ella se levantó esa mañana con un intenso dolor de cabeza. La claridad del día recién nacido estallaba en sus sienes y el tránsito, once pisos más abajo, reverberaba intenso en sus oídos saturados. Una vez más, frente al desayunador y apartándose un mechón de pelo de la mejilla, un flash casi imperceptible pero lacerante de aquella mañana que estuvo a punto de dejarse llevar, de decir el basta definitivo. Se acercó cansadamente a la ventana y entrecerró un poco más la cortina americana. Otro flash y esta vez el dolor en su mano derecha, las lágrimas que le quemaban la cara y el pasillo lleno de valijas.
El calor de su último verano comenzaba a ser insoportable. Se vistió apenas con el top de la bikini y una bermuda de algodón, aunque adoraba caminar desnuda y descalza sobre el parquet. Pero ese era un día de cambios y esto también iba a ser un cambio. Mientras se ataba el cordón del top, otro flash… sus viejos complejos, su timidez extrema, su fragilidad. Se dejó caer lentamente, apoyada sobre la pared de la habitación. No sabía por donde empezar. Un escalofrío le recorrió la espalda, la suave espalda y con un leve sacudón de la cabeza, apartó un par de oscuros recuerdos al ver la cama de algarrobo. Se levantó y fue hasta la mesa del comedor. Comenzó a redactar los avisos de venta de (casi) todas sus cosas. Despojarse era la consigna. En unos días más ya no iría a trabajar. En unos días más la bisagra completaría su recorrido. Revolvió un par de estantes buscando más cosas para vender, otras para regalar. Encontró cassettes que creía perdidos, libretas con anotaciones, bitácoras de un pasado muerto hace tiempo; una remera negra de aquellos años remotos, un llavero y unas fotos. Miró su equipo de fotografía y una lágrima precoz recorrió su mejilla y se consumió antes de llegar a los labios. También era hora del adiós a uno de sus hobbies más preciados.
Tomó la cámara en sus manos. Lentamente, y entre sollozos en silencio, ajustó los controles y corrió la película, la dejó lista para disparar. Giró y enfrentó al espejo.
Como un adiós a ella misma, la otra. Como un retrato de lo que fue y ya no será otra vez. Como para sellar un antes y un después.
Enfocó.
Intentó contener la respiración, como cuando era niña y jugaba con su hermano en la pileta de natación a ver quién aguantaba más bajo el agua. Pero esta vez era distinto, no aguantó.
Y con el espasmo del último sollozo, disparó.






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8 de noviembre de 2007

Río abajo

Y andamos por la vida creyendo que somos artífices de nuestros pasos, de nuestras decisiones. Nos jactamos de ello o nos embroncamos, dependiendo de los resultados. Pero nos olvidamos del Gran Plan. No llegamos a recordar, salvo ocasiones excepcionales y, por lo general, extremas, que somos una partícula de agua en el Amazonas, que somos polvo en el viento, que somos la pluma que flota en el universo.
Y creemos que nuestras amistades son fruto de nuestro esfuerzo y cultivo, de nuestra “elección”. Decimos que los amigos son los parientes que elegimos.
Y nos jactamos de tener o no tener tal o cual trabajo “porque es para eso que yo había estudiado”; o “jamás haría tal cosa, no va conmigo”.
Y creemos que nuestra eventual pareja está con nosotros porque también la elegimos, o nos eligió; porque nos gustó, porque le gustamos. Creemos que armamos y desarmamos la vida como quien juega con un pedazo de plastilina.
Mirá el monje, como decía anoche un conocido mío, si llueve se moja, si sale el sol se seca, si tiene sueño duerme, si tiene hambre come, si debe ir, camina, si debe alcanzar se estira.
Cada vez estoy más distanciado (para no decir diametralmente opuesto) de la torpe idea del libre albedrío. En todo caso lo acotaría a una parte infinitesimal de cada suceso que nos toca vivir. Porque es eso: nos toca. No lo elegimos ni lo armamos. Tomaremos uno u otro, pero sea lo que sea que tomemos era lo que en definitiva teníamos que tomar. Es lo que NECESITAMOS, no lo que queremos. Y lo que necesitamos no lo decidimos nosotros. Necesitamos de esto, esto y esto y algo de aquello para aprender, para capitalizar, para pasar a otro nivel… pero ese nivel que nos está esperando, es sencillamente lo que ya está preparado para nosotros.
Recién cuando el discípulo está listo aparece el maestro. Y así en todos los órdenes.
Fluir es la consigna. Fluir con. Ni luchar contra la corriente ni acelerar el nado río abajo. Tomar lo que se nos ofrece y entregar nuestra “voluntad”. Bajar el copete. Bancarse lo que venga como un duque. Amar lo que se hace, porque no siempre se hace lo que se ama. Amar lo que se tiene porque no siempre tenemos lo que amamos.
Somos pedacitos de la Gran Luz, pero nunca nos acordamos. Y ese que tenés enfrente es la misma luz, igual que vos, girando en órbitas diferentes, escalones más arriba o más abajo… o quizás en el mismo que vos. Si pudiéramos sacarnos los cuerpos lo veríamos. Si pudiéramos ver la vida desde otro lugar, sería como ese cuento de Galeano… un montón de fueguitos bailando en la oscuridad. Una oscuridad que fluye. Y en ella nosotros… lucecitas que van río abajo, creyendo todavía que somos acorazados invencibles.


UPDATE (?)
En julio del año pasado subí estos dos posts que no tuvieron la repercusión que quería. Por estos tiempos hay tal vez gente nueva dando vueltas bajo la alfombra. Me gustaría que pasen y vean y opinen (si quieren. Entiendo que no cualquiera se anime a semejante debate, soy el primero en escapar, je)

Formas de ver al libre albedrío

Causalidad





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5 de noviembre de 2007

Teléfono descompuesto

Si ya sabes que me llamo Gabriel y no Roberto.
Si sabés que sé que no te llamás Juan Carlos.
Si sabés que no arreglo autos, es más: los rompo.
Si sabés que sé que no me darías nada para que te arregle.
Qué querés probar?
Que sos tan eficiente que otra vez encontraste mi número en una agenda que no es tuya?
Los dos sabemos que meternos con lo que no es nuestro es para quilombo.
Entonces?
Haceme el favor, querés?
Do me a favor, would ya?
(No se decirlo en italiano)

30 de octubre de 2007

Exorcismo

Y si ahora resulta que un recuerdo largamente enterrado, pero de esos que cada tanto dejan ver las puntas de los zapatos emergiendo entre la gramilla y entonces uno larga todo lo que está haciendo y corre a rellenar el terreno con lo que encuentre, con picos de excusas, con palas de razones, con tierra de convicciones, y lo apisona con certezas y lo moja con odios y lo vuelve a apisonar con maldiciones y uno se sienta reconfortado, con la angustiosa pero fugazmente eufórica sensación de haber pateado para adelante una tarea más, quizás hasta queriéndose convencer de lo rutinario del hecho; con una chata y patética (sabrán que desde cierto entonces me resisto a usar la palabra “mediocre” por bastardeada) sensación de deber cumplido. Pero decía, si resulta que ahora uno de estos recuerdos que uno creía largamente enterrado, de repente pierde su arenoso revestimiento, su reseca piel, su terrosa sustancia, le roba al parque la humedad, rellena sus poros con el aroma de las madreselvas y el brillo de sus ojos con la intermitencia errática de las luciérnagas. Y un día, o lo que es peor: una noche, lo vemos recorrer el parque, la vereda, lo vemos intentar un sinuoso vaivén en la hamaca de rueda de tractor, lo reconocemos a duras penas en el inquieto oleaje de la piscina, nos despeina de sorpresa un tibio atardecer de un día aterrado, nos llama en la voz de la puerta rechinando en sus bisagras, contesta nuestros más profundos temores en canciones reveladoras, cargadas de estática lejana y grillos electrónicos, nos sopapea la conciencia adormecida y aburguesada con una imagen que vale por mil gritos, en el novelón a la hora de la cena; se nos planta en la puerta del dormitorio y nos compra una vez más con esa sonrisa entre pícara e inocente, y miramos por encima de su hombro, o sencillamente a través de su traslúcida sustancia y vemos que está todo dispuesto, que por la ventana se asoman curiosas y expectantes las estrellas, que hasta hay una rosa sobre la almohada, que la tenue luz agiganta las sombras presagiando una oscuridad cómplice.
Pero no.


Ahora corremos al teléfono y de una galera que creíamos acabada sacamos la mejor de las excusas para invitar a una consorte provisoria, pasajera, transitoria y transitiva. Ahora reímos y de un salto nos disponemos a preparar una cena para agasajar a quien tendrá a su cargo el anhelado (¿?) exorcismo. Ahora corremos a abrir la puerta y nos apresuramos a señalar la mesa dispuesta, la charla pendiente, y eso de romper el hielo pero enfriar el champagne.
Mientras tanto en la alcoba, escaleras arriba, el recuerdo vestido de fantasma se recuesta tranquilo, lee ese libro que tanto nos cuesta terminar y lo entiende y hasta le sabe el final ya en la página veinte.
Ahora la exorcista y el consultante debaten sobre la posibilidad de resurrección de los fieles difuntos. Pero sería más preciso debatir sobre el punto de no retorno, que es lo que en definitiva determina si un recuerdo es o no es un muerto contante y sonante.
El consultante mira de reojo el resplandor que danza sombras desde la habitación, percibe el paso de las hojas, el roce de sábana contra sábana, porque no hace mucho terminó adoptando como creencia firme e irrefutable que los fantasmas se visten con sábanas y no con el infame ectoplasma que proponen las brujas casadas, cansadas y cazadas.
Ahora es la exorcista (que a todo esto no tiene idea de su papel de tal) quien tira la segunda piedra y toma la mano del temeroso ser que languidece mesa de por medio. Un guiño estudiado, un gesto natural, un bretel negro y tenso… que se distiende y llueve por el hombro. Unas bocas que enjuagan y endulzan vinos en salivas, unas manos ansiosas y unos cabellos revueltos, una escalera que queda regada de prendas de mayor a menor. La ventana abierta del dormitorio se cierra de repente con una correntada estruendosa. Las velas se apagan. En la habitación, los pétalos dispersos, el libro que perdió el marcador, la cama tendida pero la almohada un tanto arrugada. Las estrellas que miran para otro lado, los búhos se hacen los dormidos, el tic tac insiste cansino desde la mesa de luz.
El exorcismo dio sus frutos. Antes de sentirse zambullir en la cama, arrastrado por los urgentes brazos de la visita, el enterrador de recuerdos puede contemplar el rompecabezas tal como lo vio en todos estos años y cree sentirse más tranquilo: la cerca está completa y no falta ninguna flor de madreselva. Las luciérnagas bailan por el parque dispersas e inocentes y ya no es la suya una danza que lanza miradas. La gramilla inunda la tierra húmeda del parque.
Todo vuelve a ser como antes, allá afuera. Descansan el pico y la pala de la memoria. Mientras aquí abajo, la cosa está que arde y quien esto cuenta, se une –cómplice- con las estrellas, y mira hacia otra parte y sonríe, como quien se burlara de los que no creen en los exorcismos, aunque sean pasajeros.




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24 de octubre de 2007

Nunca

Nunca alcanzaste a ver el sol en las siestas de invierno, ni la luna en las noches de verano. Nunca pudiste caminar a la luz de la ciudad entrando por los ventanales mientras afuera todo dormía. No pudiste sentir el olor de la pintura, de la madera, ni de un café en silencio. No te acunaron los perros de la noche desde el corazón del valle, ni te despertaron los trinos urgentes de una primavera color celeste mortecino. La sequía no te quitó el sueño como tampoco te lo devolvieron las tormentas de febrero y su estruendo indescriptible. Tus dedos no recorrieron ni el mármol ni los espejos, no apagaron un despertador, no encendieron la radio. Tus oídos nunca escucharon mi llamado, ni el motor llegando, ni el agua cayendo. Tu boca no contestó llamadas (porque no las hubo), no pidió besos, no ordenó un cambio, no calló una angustia. No abriste la puerta, no cerraste una ventana, no encendiste la estufa.
Hoy me recuesto en el sillón, me pongo cómodo y enfrento a mi interlocutor como si fuera un desconocido. Me cuesta aceptarlo, me cuesta admitirlo, sin embargo no puedo soslayar que ha estado conmigo por siglos y siglos, hablándome a cada instante, recordándome quien soy y adonde creo ir. Un nuevo ciclo de karma hoy me cita frente a esta imagen que siempre te simbolizó.

Me pide que te observe, con todas tus fallas, las nuevas y las de siempre, las que olvidaste y las que no conocí. Me muestra tu vida como quien estudia una estatua en el centro de un museo, me lleva a recorrerte palmo a palmo, me advierte de tus logros, me avisa tus revelaciones, me deslumbra con lo que fue y será. En esa figura que sos vos en este instante (lo fuiste siempre, lo fuiste siempre) me detengo ante tu mirada, intento bucear, intento ver, intento… intento…
Pero, sabés qué?
Nunca quise que fueras vos sentada en ese rincón. Nunca quise que fueras vos quien me abriera la puerta, quien me iluminara el sendero con una sonrisa (que a todo esto ya habíamos olvidado). Nunca dejé que mi silencio respetara los borbotones de tu corazón, nunca permití que la claridad de tu mirada me guiara. Nunca permití tu claridad.
Nunca te amé.
Y claro… así no se puede.
Ya es tarde. Muy tarde.
Y la alineación ya no volverá a ser posible. Jamás el futuro nos premiará con una conjunción ni nos castigará con un eclipse. Entonces tu órbita y entonces la mía. Tu sistema y el mío. Tu galaxia y la mía.
Y acá adentro?
Y nuestro mundo dentro de esas cuatro paredes?
Fue una broma, no?
Dios no juega a los dados, dijo alguien una vez… pero yo lo ví pasar con una visera escondida bajo el brazo y el cubilete mal oculto en su bolsillo, esa noche que te bajé la luna llena desde esa loma. Lo ví sonreír de costado, como un tanguero en decadencia pero no le presté mayor atención porque frente a mí estaba una de las mujeres más aguerridas de mi vida y me reclamaba un abrazo para contener el corazón, que no escapara, que no aturdiera en el silencio de un marzo impredecible, cuando hacía poquito nomás, la bandera de largada había caído y nosotros ahí sin entender que la vida había comenzado y nos estaba atropellando.






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22 de octubre de 2007

El dedito nene!!!

ET phone home











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12 de octubre de 2007

Un estreno (Gabu dixit)

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Ella me da todo ese amor que nunca esperé tener,
me dice que me necesita, me dice que está feliz.
Y si ella se fuera, me quedaría como abandonado en plena lluvia.
Necesito...
la necesito...
necesito su amor.

Ella vino desde el oeste, una brisa de verano, no pude descansar.
Tuve que tomar el tren más rápido para estar a su lado.
Me hizo sentir tan bien, lo hizo como siempre debiera ser.
Necesito...
la necesito...
necesito su amor.

Justo cuando estaba pensando en ella, apareció y comencé a desearla.
Necesito...
la necesito...
necesito su amor.

Y si ella se va, me quedo como abandonado en plena lluvia.
Necesito...
la necesito...
necesito su amor.

En los barcos de alta mar, en los aviones del cielo, ella está conmigo.
Me pregunto si ella se preguntará si todo esto es real.
No soportaría ver que ella llorase por mí, sería muy triste.
Necesito...
la necesito..
necesito su amor.

Ella me cuenta todo, me hace reír, intenta cantar.
Pero nunca me cuenta si sufre cuando algo anda mal.
Lo hace parecer todo un sueño,
Si todo sigue como está, el mundo será algo hermoso.
Necesito...
la necesito...
necesito su amor.







Nota para freaks: Quién canta?

* León Gieco y su banda de caballos cansados
* Jeff Lyne y la Electric Light Orchestra
* Gustavo Santaolalla y Arco Iris?




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8 de octubre de 2007

Recuerdos

Es inevitable:

en cualquier verde



en cualquier durazno


pero no en cualquier canción





siempre me acuerdo de vos

y es un lindo recuerdo :)








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26 de septiembre de 2007

Puntos de vista

Kamasutra

Quinta parte

Las esposas de los demás

Principales características de varones y mujeres

Ya se habló de las circunstancias en que puede recurrirse a las mujeres ajenas (!), pero es necesario evaluar los peligros y riesgos que se corren, así como el efecto que pueda producir. Un hombre puede acercarse a la mujer de otro con el fin de salvar su vida cuando percibe que aumenta el amor por ella. La intensidad se mide en diez grados y se identifica con los siguientes síntomas:
1) Atracción física
2) Atracción espiritual
3) Pensamiento constante
4) Insomnio
5) Falta de apetito y adelgazamiento
6) Desinterés por los placeres y las diversiones
7) Indiferencia por la modestia y la prudencia
8) Locura
9) Debilidad
10) Muerte

Según algunos autores, los hombres pueden deducir si una mujer es sincera y la intensidad de su pasión examinando las formas y características de su cuerpo. No obstante, Vatsyáyána cree que se trata de señales dudosas y que es mejor analizar su conducta y la expresión de sus pensamientos.
Gonikaputra sostiene que la mujer siempre se enamora del hombre bello y viceversa, pero que esos amores no prosperan porque no tienen en cuenta si el otro actúa bien o mal, ni si pretenden conquistar con alguna finalidad. La mujer se aparta del hombre que la asedia aunque en realidad esté dispuesta a unirse a él y espera que él redoble sus esfuerzos. En cambio no es común que el hombre esté demasiado enamorado. Hay consideraciones morales y controles emocionales que lo mantienen dentro de la razón. Aunque piense mucho en una mujer no se somete a ella para conquistarla.

Hombres exitosos con las mujeres
Hay hombres que siempre tienen éxito en su relación con las mujeres: los que saben mucho sobre artes amatorias, los que cuentan muy buenos relatos, los que están acostumbrados desde la infancia a tratar con ellas. Quienes envían regalos, hablan bien y hacen cosas que complacen a las jóvenes. Atraen los que nunca antes amaron, los mensajeros, los que conocen cuales son los puntos débiles de ellas, quienes desean mujeres honestas, los amigos de las amigas, los de buen aspecto, los que saben cómo dar placer sexual hasta a sus sirvientas, los recién casados, los aficionados a reuniones o salidas al campo (!). Es atractivo el hombre toro, el que resulta más sabio que el propio marido y los que viven y visten muy bien.

Mujeres fáciles
La mujeres más fáciles a conquistar son:
Las que permanecen mucho tiempo en la puerta de su casa o andan constantemente en la calle, las que miran al hombre directamente a los ojos. Aquellas que observan de reojo. Es fácil llegar a una mujer si su esposo tomó otra sin motivo, la que detesta al marido o es detestada por él. La que participa mucho de eventos sociales.

Un versículo dice:
“La naturaleza inspira deseo en el corazón masculino, el refinamiento del arte hace crecer la semilla, y la sabiduría la preserva de todo peligro hasta que florezca y se vuelva firme y duradera. Porque el hombre hábil en el arte del amor, que estudia minuciosamente las actitudes femeninas, trata de agradarles y amarlas, nunca fracasa y consigue una placentera compañía entre ellas".







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