All night thing
Y vos ¿qué habrías hecho con tu vida cuando esa mañana que volviste a tu casa, estrenando libertad y divorcio (que no siempre es lo mismo), terminaste de entender que la vida te había dejado en la puerta del edificio y se había ido a hacer caridad y beneficiencia a otros humanos que realmente lo necesitaban?
¿Qué habrías hecho un domingo a la siesta al darte cuenta que tenías todo o casi todo lo que la sociedad te había dicho que debías tener? El dinero, el trabajo, el estudio, la cultura, los amigos, las amigas, la familia –sostenida con cinta scotch pero familia-, los lujos, los viajes, los caprichitos. Si nadie te había dicho aún que eso no era vida.
Si eso hubiera sido vida ¿qué era esa sensación de mierda, todo el tiempo en la boca del estómago? ¿Qué era eso de mirar por la ventana al mundo allá abajo y sentirte que aún con todo, te faltaba volar?
El murmullo absurdo y a colores del canal 12, el ruido blanco de una radio mal sintonizada, la brisa que viene del río, el escalofrío en la espalda, el rugido de los autos y una veintena de cuadras hacia el este, la música comenzaba a sonar.
Y vos, ¿qué habrías hecho un sábado a la noche cuando te sorprendía un cosquilleo extraño pero familiar, en el bajovientre? y ese ardor en las mejillas y esa mirada que acabás de encontrar en el espejo, que te pide, que te exige, que te obliga...
Siempre lo supo y algunas veces –como ahora- lo usaba: no le hacía falta mucho para ponerse interesante, sugestiva, tentadora. Pero sí hacía falta mucho para sentirlo, para creerlo.
Nunca lo supo (hasta muchos años después en que una tarde de otoño se pusiera a repasar los extraños designios que la habían traído a ese patio al fondo de una casa de campo a pensar en la ley del karma y la atracción), de todas maneras no era ese el momento de pensar en eso ni mucho menos, si le atraían jóvenes porque ella siempre había parecido diez años menor o si esto de parecer más joven atraía a los de apenas veintitantos. Como dije antes, no se puso a pensar, sencillamente lo vio apoyado en la barra tomando su cerveza y moviendo la patita al compás de Pearl Jam. Trágicos-pelilargos-Seattle, diría años más tarde un viejo amigo al referirse a y/o reprochar sus gustos: el tipo de la barra se parecía a Layne Staley.
Ella no lo pensó: se acercó y empezó el juego, ese que muchos saben cómo termina.
Ella vino a proponerme
que se quería marchar
e ir a un lugar más cálido
donde pudiéramos estar solos.
No supe bien qué estaba pasando,
pero supuse que iba a ser algo de una sola noche.
Si es algo de una sola noche
nadie lo va a querer finalizar.
Y si no empieza?
No te preocupes, no me voy a andar ofendiendo
Y si es algo de una sola noche
y caemos, como una gota al piso
yo no voy a volver por acá,
y nunca más volverás a escuchar de mi.
Salí de allí, bien... cómodo
y penetrando como lluvia
en su ardid.
Ella no me iba a decir de qué venía todo esto
pero a mí me sonó a cosa de una sola noche.
Si es algo de una sola noche
nadie lo va a querer finalizar.
Y si no empieza?
No te preocupes, no me voy a andar ofendiendo
Y si es algo de una sola noche
y caemos, como una gota al piso
yo no voy a volver por acá,
y nunca más volverás a escuchar de mi.
♫





























