3 de julio de 2005

Welcome to the machine


rwright

rw
nickmason2
DG
Where have you been?
It´s allright, we know were you´ve been...

Miles y miles de personas iluminadas por potentes reflectores que al final parecían pálidas candelas en semejante vastedad. Todas las cabezas orientadas a ese minúsculo espacio oscuro donde de a poco comenzaban a asomar tímidas luces de colores, spots individuales que lanzaban tenues conos lumímicos.
El primero que vi, alto, delgado, joven pero con la larga cabellera blanca, lucía una increíble sonrisa, miraba sin ver hacia abajo, hacia sus dedos que comenzaban a recorrer las gruesas cuerdas del bajo. Me costó reconocerlo. La imagen cambió luego hacia otro hombre, sentado tras una pedal-steel-guitar, deslizando suavemente el anillo de metal sobre las cuerdas. También lucía unas escasas canas sobre un rostro blanco y difícil. Un poco más atrás, tras los tambores, otro viejo (cariñosamente) no parecía esforzarse en golpear los parches y platos, lo hacía con gusto y cariño, como si jugara con sus nietos. Algo más a la derecha del escenario, otro canoso y contundente hombre presionaba las teclas aquí y allá de un sencillo sintetizador electrónico. Luego de la introducción, el que estaba con la steel guitar se levantó, se colgó una Fender, se acercó al micrófono y comenzó a cantar. El milagro acababa de producirse. Aún en este momento, cuando ya pasaron varias horas del hecho, todavía puedo sentir el escalofrío recorriéndome la espalda. En esos momentos mis ojos empañados de emoción vieron los de mi mujer en idéntica contemplación arrobada, luego de largar todo lo que estábamos haciendo. Ella se secó las manos, o no... y se sentó en el piso. Yo con Luciano a upa apagué las luces y bailé con él como para que se entretenga y deje de hablar. Como podía, como me salía, con la voz entrecortada, le cantaba despacio a Luciano cerca del oído intentando que en algún lugar de su subconsciente, este momento le quedara para siempre. Cada tanto le decía que mire la pantalla, que tal vez sea algo que nunca se va a volver a repetir. No creo que haya entendido... él quería a toda costa el chupete y yo no lo podía escuchar.
Muchos de ustedes sabrán a quienes me refiero, quienes son esos hombres ya pesados, canosos y con cara de estar de vuelta de mil cosas. Fue un momento mágico y tal vez si hubiéramos estado en persona en el lugar habríamos llorado y reído a la vez de emoción. Pasaron cuántos..? 22..? 24 años? No importa. Volvieron y nos dejaron ese nudo en la garganta una vez más.

1 de julio de 2005

"Los insufribles" reloaded

  • La vieja del sulky y su baranda
  • La vieja del sulky y su costumbre de sacarme cambio
  • La vieja del sulky y su "hijo"
  • La vieja del sulky y el barro que me deja en el local
  • La vieja del sulky
  • El "dandy" del comercial de Cinzano
  • El locutor chupamedias del comercial de Cinzano
  • El comercial de Cinzano

  • Nito Artaza
  • Nito Mestre
  • Nito Porfiri
  • Los papeles con olor a naftalina de los jubilados que vienen a sacar fotocopias
  • Las bolsas donde guardan los papeles con olor a naftalina... bla bla bla...
  • Los que me hacen cortar la línea para llamar a un celular que les da con la casilla de mensajes y vienen bufando a pagar (en el mejor de los casos)
  • Los que no me dan bola cuando les digo a qué cabina entrar y se mandan donde se les canta las pelotas.
  • Potolita Vasili

23 de junio de 2005

Daniel Salzano

Día del niño

Te proponés escribir entre 18 y 20 líneas porque hoy es el día del niño. Y lo menos que podías imaginar es que el primer chico que aparece y te observa sin moverse y sin hablar sos vos mismo. Pibe remoto, del que ya no sabés si te quiere o no te quiere, pero del que te vuelven a asombrar su pelo largo y sus ojos limpios. Niño, niño, le preguntás asombrado. Contame: cómo eras?, qué silbabas, qué leías? Pero el niño que fuiste se desmarca y no contesta. Al niño que fuiste le bastaba con abrir una coca con los dientes y tirarse a la pileta de cabeza. El mundo era tan sencillo que se dividía entre amigos y enemigos. Amigos eran el caballo de Alan Ladd, los alfajores de dulce de leche y las tapas de El Gráfico donde salía Ernesto Grillo. Amigo también era el Mambrú, un perro loco que le ladraba a la luna de la calle Charcas. Cuando uno es niño es uno mismo y lo sabe todo. Pero hay un momento en que deja de serlo para convertirse en lo que los demás quieren que seas. Ese es el momento en que se te caen los dientes de leche y se te trastorna el alma. Pero mientras tanto eras feliz. Requetefeliz. Yo perdí la requetefelicidad cuando el Mambrú mordió a un bombero y le pegaron un tiro en el oído: BAM! Yo no lo oí. Lo escuché. Me parece que el tiro me pegó a mí en alguna parte y por ese agujero se me escapó la requetefelicidad. Si el lector no entiende esto, más vale no seguir escribiendo. Claro que si yo no hubiera sido un niño requetefeliz en lugar de escribir sobre el día del niño estaría escribiendo sobre el día del perro.

Pibes
Los ves caminar por la ciudad con las manguitas cortas, el pelo duro y una mirada que sólo responde a los estímulos del miedo. Atraviesan la puerta del café como sombras de sí mismos y a lo sumo te tocan el hombro o te ponen la mano abierta a la altura de la cara. La sub infancia cordobesa ha cambiado de sistema. Ya no vende aspirinas ni ofrece estampitas. La sub infancia ya no habla, no protesta, no agradece. Su única preocupación es que el mozo no le ponga la mano encima, que no llamen a la cana. También los ves por las esquinas deambulando... algunos todavía llevan chupete. Manos de obra barata, inocente, manejable. Los menos inspirados luchan entre sí por abrir las puertas de los taxis. Córdoba no tiene mucho respeto por sus niños. Los ves a media noche por Chacabuco buscando algún lugar para ver la tele. Cualquier lugar les viene bien: tumbados en mitad de la vereda, subidos a un árbol, sentados sobre el techo de una chata. Ni se portan bien, ni se portan mal; no meten ruido, no dicen nada. Ven a Tom y Jerry y no se ríen, ven a Fito Páez y no cantan. A veces les das un puñado de monedas y lo reciben como quien recibe un puñado de viento. Todo forma parte de un mismo endurecimiento, de una misma rutina deshumanizada. Un día cualquiera se levantan hombres y ya nunca más volvemos a verlos.

Ferroviario
Cuando mi papá entró a trabajar al ferrocarril Belgrano tenía 17 años, jugaba en las divisiones inferiores de Talleres y soñaba con convertirse en el rey del sábado a la noche en el club Alas Argentinas. El primer día de trabajo se embutió en un mameluco azul marino, deslizó una llave inglesa en el bolsillo secreto de su pierna izquierda y se presentó a la guardia creyendo que le iban a confiar la dirección del expreso Mar y Sierras. Pero no fue así. En lugar de confiarle la custodia del país al frente de una locomotora lo pararon delante de un torno que escupía 25 arandelas por minuto. De tanto fabricar arandelas, papá acabó fabricando un anillo que calzó en su dedo meñique y que llevó durante toda la vida con la misma dignidad que el rey Arturo. El anillo le sirvió para enhebrar cientos de boletos, para acariciar largamente el río de pelo de mi madre y para pelear contra la justicia arbitral en San Francisco aquella vez que perdieron un campeonato por penales. Papá decía que un país sin trenes era como un niño sin padre y que un niño sin padre era como un hombre sin anillo. A que no saben qué encontré esta mañana en una caja de madera de cigarros Partagás? A que no adivinan qué me puse en el dedo meñique para caminar por la ciudad? A que no saben en quién estoy pensando mientras por primera vez en mi vida escribo llorando en una máquina que suena como sonaba el expreso Mar y Sierras: tracatrá, tracatrá, tracatrá...

Otoño
Arrastrando la hojarasca a razón de cinco nudos por hora el viento se desliza por el callejón central del Parque Sarmiento. Años atrás las juntábamos a las hojas, atrás del zoológico, cerca de la leona. Creíamos que recogerlas era una especie de profesión, que Dios nos veía; que éramos maravillosos y que así sería durante toda la vida. Pasábamos el día entre las hojas muertas jugando como animales. También había chicas... muchas. Nos gustaba hacerlas rabiar. Si una se inclinaba demasiado y mostraba una mínima parte de su cuerpo gritábamos todos: oe, oe, oe, oeeee...!!! Entonces salían corriendo, todas. Había una chica llamada Nelly Nelly que solía agacharse más de la cuenta y que no corría cuando gritábamos. Nelly Nelly no usaba medias y todo el mundo le tenía mucha simpatía. Las hojas muertas del parque Sarmiento eran todas iguales entre sí y todas diferentes. Las conocíamos por las formas y por el ruido: algunas sonaban como el papel celofán; otras como los pasos del león de Francia cruzando la hojarasca de la novela. Otra cosa que nos gustaba era atravesar las parvas haciendo surcos con las championes del 34. Las hojas estaban en todas partes, hasta guardadas en los libros de amor de la biblioteca, la biblioteca Velez Sársfield. Los libros de amor pesaban una barbaridad. Tenían el lomo excesivamente gastado y despedían un inquietante perfume a lavanda. Nelly Nelly también. Tanto nos enloquecía juntar las hojas muertas como desparramarlas, recogerlas a puñados y arrojarlas al aire... sobre todo al aire que ellas respiraban. Al atardecer nos tirábamos sobre el pasto y hablábamos de Nelly Nelly mientras veíamos pasar el universo. Las hojas de los árboles, como gotas de lluvia, caían sobre nuestras cabezas. Aunque no lo decíamos, sabíamos que alguna vez todo se iba a terminar, que dejaríamos de jugar como animales y que no volveríamos a vernos... incluyendo a Nelly Nelly. Las hojas, en cambio, seguirían cayendo como ahora.
Escritores
Escritores, escritores!! Queríamos saber quiénes, cuántos, cuáles eran, dónde estaban, cómo eran, qué leían. Eran escritores, por ejemplo, aquellos señorazos que una vez al mes se reunían para intercambiar sonetos alrededor de un flan con crema y delante de un espejo? Los chicos que sacaban la lengua mientras escribían: mamá amasa la masa eran pequeños, medianos o grandes escritores? Era más o menos escritor que Dostoievsky el redactor de La Voz del Interior que en una sola tarde se ocupaba del avión de Charles Lindon y de los caños de obras sanitarias? Hacer críticas de cine era escribir? Valía escribir sin H, como Cesar Vallejo? Había que llevar el pelo corto o largo? Había que llorar para escribir? Caminar, flexionar, silabear, enloquecer? Los diptongos eran leales o rebeldes? Alcanzaba con haber escrito un solo libro? Con haber querido y no podido? Todo eso nos preguntábamos mientras nos apropiábamos de la ciudad con zancadas imperiosas. Jóvenes peludos e inmortales que acabábamos inevitablemente apilados ante las servilletas de un bar escribiendo con canilla libre, acuchillándonos por dentro, dejando correr la verdad, la rabia, el idioma, la ciudad. Diez, veinte, treinta años más tarde, daríamos un ojo de la cara por poder conmemorar el día del escritor leyendo sin leer alguna de aquellas servilletas irrecuperables.

N. del R.: Daniel Salzano es cordobés, escribe en el diario La Voz del Interior (los artículos precedentes fueron extraídos de ahí mismo), publicó libros y dio charlas...
Si alguna vez lo vieron, díganme si no es el tío bueno que nunca falta en cualquier familia.

6 de junio de 2005

From the grave

Hoy, vino una mañana de espesa niebla. El techo baja hasta mi lecho y el sueño se adhiere a cada célula, congelando toda actividad de esta piel cansada y húmeda. Sólo siento a través del único sentido que me queda: el saber que estás del otro lado de esta espesa pared. El resto de las cosas aparece adherido a la llovizna fría y gris que se abate sobre todo cuerpo que hoy pueda rodear el mío. Las piedras del piso, las piedras del horizonte a un palmo de mis dedos, las piedras de un cielorraso inminente que condensan mi extinta respiración y chorrean tu nombre hecho vapor. Las grises algas, el lúgubre terciopelo verde del moho entre las grietas, el cansancio de los párpados sellados por el peso del ambiente. La electricidad latente, asediante en cada imperceptible movimiento celular, erigiéndose reina por una eternidad, con el frío como aliado. Mi boca habla con mi cabeza en un lenguaje viscoso donde una única palabra se repite y es la que acabo por olvidar. El espeso y tedioso diálogo me informa que por fin seré expelido, y que mi sangre pronto comenzará a depositarse espesa y helada en las cavidades finales de mis espaldas, allí donde hoy moran los tentáculos silentes de la soledad sepulcral. Mis manos quieren atravesar el cuerpo espeso de la niebla, pero sólo consiguen clavar mil arpones de ácido láctico en cada nervio involucrado. Mis ojos quieren ver a través de esta nueva cortina mojada de pasmoso volumen, pero la mirada llega hasta el mero confín de unos párpados grises, surcados de secos e inertes capilares. Mis pulmones se llenan de fango de manera involuntaria, constante y eterna y alimentan mi piel con residuos de carbón. El tiempo existe no más que en un vago concepto de antes y nunca más. Creo entender ahora la eternidad de la que hablaban los sacerdotes de la fe. Y creo entender el error de sus temores. Acá, envuelto en sucesivas capas de gasa pegajosa y barro eterno, nace y crece la noción que les faltaba. La noción de un cuerpo que al fin vuelve al seno matriz. Al fin, suelten la última palada de barro sobre esta nave hacia las entrañas de Tierra. Suelten la última gota de lluvia desde la grama hacia aquí. Que cuesta llenar el espacio que dejaron los recuerdos. Que es frío y gelatinoso lo que queda en mis ojos, que es yermo el territorio donde vagaban en paz tus manos. Que ya no responden mis brazos para escarbar la luz, que no obedecen mis piernas, que ya callaron las ideas. Suelten por fin la lluvia de los últimos días que ya no daña, más redime, y lava la conciencia de lo que pude haber sido... a lo que finalmente seremos: agua, tierra, aire. Lluvia, barro, viento.

1 de junio de 2005

Yes I will...


crudo(3)


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I want to take his eyes out
just for looking at you.
Yes I do.
I want to take his hands off
just for touching you.
Yes I do.

And I want to rip his heart out
just for hurting you
and I want to break his mind down.
Yes I do.

And I want to make him regret
life since the day he met you.
Yes I do.
And I want to make him
take back all that he took from you.
Yes I do.

And I want to rip his heart out
just for hurting you
and I want to break his mind down.
Yes I do.


(Quiero sacarle los ojos
solo por haberte mirado...
sí, sí...
Quiero sacarle las manos
solo por haberte tocado...
sí, sí...

Y quiero arrancarle el corazón
por haberte herido
y quiero que enloquezca...
sí, sí...

Y quiero que reniegue
de la vida
desde el día que te conoció...
sí, sí...

Y quiero que devuelva todo
lo que te tomó de vos...
sí, sí...


Y quiero arrancarle el corazón
por haberte herido
y quiero que enloquezca...
sí, sí...)


Nickelback

26 de mayo de 2005

Volver

Vaya uno a saber lo que pasa con volver
Si volver en realidad no es un reencuentro?

Coqui Valles


brujula

Están quienes pueden decir que este tipo de cosas no se heredan, pero siento que esta nomadez que caracteriza mi vida está ínimamente relacionada con el estilo gitano de vida de mis viejos, en particular el de mi padre. Hace un rato leí un post de un blog en el que la autora decía lo bien que se sentía "ser" de un lugar, de un barrio, tener las raíces tan profundas en un pueblo, indagar en tantas generaciones y moverse siempre en el mismo sitio, con diferencia de cuadras; que uno es reconocido no solo por sí mismo sino también por ser hijo de tal y nieto de cual, sobrino de fulano y primo de menganito y así por las ramas de las ramas, amén. Y es que lo veo tan opuesto a como yo lo siento o sentiría si, por ejemplo, volviera al barrio de mi infancia (uno de tantos!). Estaría caminando de incógnito total y no me haría falta dejarme la barba o ponerme anteojos! Habría que ver si yo mismo soy capaz de reconocer las casas, las calles y las gentes. Una vez volví después de 7 años (entonces tenía 14) a mi primer barrio y fui a la casa de Fernando, un compañero de colegio con el que jugábamos a la pelota dentro del garage porque no nos dejaban salir a la calle a jugar (era una época jodida, en el 74 mi viejo era cana federal y Buenos Aires era zona de guerra). Llamé a su puerta, atendió la madre, pregunté por él, Ya lo llamo, dijo mientras se terminaba de secar las manos con el repasador. Apareció Fernando. Si? Hola, soy Gabriel, de la otra cuadra, te acordás? No. Del tercer departamento, frente a la escuela, allá... No, para nada. Jugábamos acá al lado, donde está el auto... No. Bueno, chau. Chau. Después de eso tampoco quise ir a la casa del amigo de mi tío que me enseñaba a andar en bici, ni ir a sacarle la lengua a la vecina de mierda que no me dejaba pisar su vereda porque la acababa de baldear, ni volver al baldío donde un 25 de Diciembre se me perdió de forma definitiva y catastrófica un catalejos con 15 minutos de uso.
Pero si fuera por volver pasaría un buen tiempo y debería invertir unos buenos mangos en viajes. Debería ir a mi primer barrio en Lomas de Zamora, del cual no tengo registro alguno dada mi tan corta edad; volvería a Quilmes, a la casa de mis abuelos donde debo haber pasado unos cuantos buenos momentos porque cada tanto tengo fugaces visiones y son todas lindas: tirarme sin clemencia sobre la espalda de mi tío que hacía de Tornado mientras yo, con el delantal de mi abuela imitaba al Zorro, visitar a Frida mientras recolectábamos huevos del gallinero, hacer temerarias expediciones a los baldíos vecinos.
En Temperley el mundo se limitaba a la cortada tras la escuela, al campito de la otra cuadra y a veces, solo a veces hasta la feria, calle arriba (o abajo) creo que por Indalecio Gómez. Los viajes de compras a la Coopol (o algo así) eran como cruceros de placer por altamar. Por lo demás, estaban Juan y su esposa, los vecinos del fondo, la famosa Choli del departamento de adelante reemplazados más tarde por mis abuelos; Narciso, Alicia y Diego, de la otra cuadra y pará de contar al menos para mí.
Si es por volver, volvería también a esos lugares por los que a veces paso pero no me detengo porque entre otras cosas ya no sería lo mismo, la casa arriba del correo y el banco y los sellazos que "decoraban" cada jornada, la casa de los fantasmas en medio de la loma y las excursiones al tanque de agua o al camino de alcornoques del hotel Altos de San Pedro... y ya que estamos le pegaría una cagada a palos a Hernan y a su hermano por todo lo que me hicieron sufrir esos años.
Tendría que volver a compartir la casa con esos estudiantes del secundario técnico venidos de La Rioja, del Chaco; las tardes en bicicleta o saqueando árboles de quinotos en el barrio de la Estación, los partidos en los clubes; chiflaría a Topper desde la salida de la escuela y él vendría como siempre, corriendo alegre y me acompañaría a casa; iría a comprar manteca a La Palmira, volvería a recorrer el cauce de las acequias hasta los límites del pueblo, y volvería a pasar por la casa de Desireé mientras ensaya sus eternas escalas en el piano.
Volvería a la cortada Islas Baleares, a escuchar radio el día entero, a las charlas con  mi prima Fabiana, los paseos del domingo hasta la ruta 9, y a romper las bolas en los ascensores de los monoblocks.
Pasaría unos buenos momentos otra vez en la casa de barrio El Cóndor, en el cuartito del fondo donde experimentaba con equipos de radio y audio o los desayunos oscuros y de madrugada para viajar luego 30 km en bondi a las 6 de la mañana para ir al colegio.
Volvería a la casa al lado de la estación de servicio, disfrutaría del balcón y volvería a organizar jodas los sábados a la tarde por el solo hecho de juntarnos para armar las luces y los equipos y escuchar Pink Floyd; o a encerrarme con L. en la pieza cuando se hacía la rata de la hora de gimnasia y a mi vieja no le gustaba un carajo, jeje.
Echaría a patadas al doctor y sus reformas en la casa atrás de la heladería y volvería a formar Conexión Bolivia.
A veces vuelvo a la casa de San Alfonso, pero no puedo entrar todavía porque está alquilada. Pero aún así... entrar y verla vacía y escuchar el eco de los pasos solamente es algo muy desagradable. Tanto como la vez que estábamos casi todos y vino la gente que había comprado los muebles y se los llevaron.... se los llevaron, entendés? O sea: sobre ese aparador estuvo siempre el Winco donde escuchaba por horas a La Pantera Rosa, Gaby Fofó y Miliki, Meteoro y los discos de Jazz de mi viejo o los de Creedence de mi vieja; alrededor de esa mesa que se estaban llevando vimos no se cuántos mundiales, discutimos no se cuántas veces, comimos pizza de mi vieja otras miles...
Al día de hoy llevo 23 mudanzas en 37 años. Creo que nunca voy a poder decir "esta es mi calle" o "este es mi barrio" o "esta es mi casa". Eso será bueno o malo?

11 de mayo de 2005

Tomatito

"My girl, my girl, don't lie to me
tell me where did you sleep last night"

-Bueno, espero que le guste... no es una mansión pero tiene las comodidades suficientes.
La mujer de la inmobiliaria abrió la puerta del departamento y con una sonrisa se hizo a un lado como para que ella pase, lo recorra y lo conozca.
-Es hermoso...! ... y cuánta luz! -La luz fue lo primero que le impresionó. Todas las persianas estaban abiertas y la claridad del día inundaba cada rincón del departamento hasta donde se podía ver. Laura dejó las tres carpetas que sostenía abrazadas, la agenda que colgaba de su muñeca derecha y la carterita de cuero sobre el sofá que había junto a la puerta, a unos pasos del ventanal. La mujer de la inmobiliaria ya había ingresado cuando ella comenzó a recorrer, a la derecha del departamento, las dos habitaciones separadas por el baño. Absolutamente todas las ventanas de los distintos ambientes daban a la calle (mejor dicho, al cielo, porque a esa altura -piso 18- la calle era un ente casi irreal), y las puertas a un pasillo central. Hacia la izquierda del living comedor estaban la cocina, amplia, y un lavadero con el balcón cerrado con mamparas de acrílico.
-¿Y, qué tal? -preguntó ansiosa la mujer de la inmobiliaria.
-Lindo! Parecen las casas chorizo del pueblo! -contestó con alegría. -Me quedo!
Así de simple. Le gustó, estaba cerca de la agencia, no era caro y, lo más importante, podía hacer el contrato sólo por los tres meses que necesitaba. Esa misma mañana la dedicó a comprar un poco de alimento, a conocer los comercios de la zona y a descansar. Por la tarde le traerían el poco equipaje que había dejado listo y empacado: algo de ropa, unos pocos adornos que ella tenía como amuletos o compañeros de viaje y algunos discos y libros para sus pocos ratos libres. Con el tiempo, el departamento se iría llenando de papeles, libros contables, comprobantes, carpetas, más papeles, más lápices, más números, más trabajo, más, más, más...
Cerca del mediodía, al volver de la verdulería que estaba a media cuadra por Santa Rosa, se encontró con don César -tal cual se presentó- el portero. Le dio oficialmente la bienvenida al edificio y quedo a shus órdenes para cuando nesheshite algo, uté sha sabe: en horario comershial, digamo, me encuentra en planta baja o en el entrepiso; má a la nochecita ya eStoy en mi depto que queda en el otavo..., otavo “C”. USté sha sabe, cualquier coshita... Bueno, bueno, que tenga un buen día y bienvenida ¿eh?... Chau, chau... permítame que le abra el asensor... chau, querida, chau... Del dieshiocho B, no? Ah, bueno, bueno... ta luego...
-Qué personaje, mamita! -se dijo casi en voz alta cuando se hubo cerrado la puerta del ascensor- y eso que es el primer día! Espero no tener que acudir a él muy seguido.- Si bien el tipo parecía simpático (si, está bien, era un pesado, pero no parecía mal tipo) había algo que no terminaba de gustarle. No sabía si era la enorme nariz árabe, si el bigote de manubrio de playera, si la tintura renegrida en su pelo, si su arrastrado acento a porteño o todo junto o alguna combinación posible. Respiró aliviada mientras el ascensor, con su zumbido eléctrico, la transportaba.
Al llegar acomodó todo rápidamente y se tiró en el sofá a descansar un rato. Y se suele dar que cuando uno pasa de una actividad intensa a una calma y un silencio repentinos, la cabeza sigue sonando un tiempo. Los ruidos de la calle, ya sea por la altura o por que era la hora de la siesta, eran prácticamente nulos, pero en la cabeza se mantienen ecos de sonidos, imágenes, pensamientos, ideas, olores, sensaciones físicas; los dedos aún recuerdan la presión que hicieron hace unos instantes para abrir un par de bolsas rebeldes; los pies todavía sienten que van caminando sobre mil relieves de veredas y calles y baldosas; en la nariz hay olor a pan recién horneado, gasoil, herboristería, cigarrillos; por las piernas que ya se empiezan a relajar uno prácticamente puede sentir los borbotones de sangre yendo y viniendo desde el pecho hasta los dedos, como cuando se detiene el motor de un auto que anduvo cientos de kilómetros al rayo del sol y entonces en el silencio de la pampa resuena el aliento hirviente del radiador y el cloc-cloc-cloc del agua que aún forma burbujas y de fondo hay sólo un soplido que uno adivina que es el viento que choca en el vehículo detenido y va convocando fantasmas al envolver la antena sobre el techo y mueve los cables de la luz que bordean la ruta y espanta algunos pájaros que vuelan trinando aquí y allá. Y no se sabe de dónde pero también vienen voces que murmuran cosas pero no dicen nada y es la misma sensación de no entender nada que se tiene cuando uno sueña que lee y como no entendés nada te das cuenta que estás soñando, pero no hay caso y te empecinás en sacar algo de tanta maraña de palabras pero es inútil y cerrás el diario que hace un estruendo a bolsas y alguien cierra una puerta y siguen hablando y seguís sin entender, no se sabe si están contando un chiste o están discutiendo como aquella discusión de papá y mamá en la banquina de la ruta en medio de la pampa porque no fuiste capaz de revisar el agua siquiera, que para qué te largás a usar el auto si no tenés idea de los cuidados mínimos y que para qué estás vos entonces si tanto sabés por qué no le cambiás la tierra a las macetas, pero mamá esto no es tierra, es resaca y me salió carísima y tené cuidado entonces que la ropa a qué hora volvés? y, calculo que como a las diez y zummmmm (ese es el ascensor!) cloc-cloc-cloc (y ese es el depósito del inodoro que se está llenando) ¿Pero es el ascensor o el viento que da en los postes de teléfono? Y ¿quién dice?, capaz que son las dos cosas juntas lo que la hacen despegar suavemente de la tierra, por encima de los ruidos, por encima de las voces, por encima de los balcones y los árboles y va esquivando los cables y el vértigo la entusiasma aún más y de repente ya todo se calló y se hunde cada vez más alto y el sueño sigue aunque cambien los personajes y el libreto; aunque por unos momentos no sea la ciudad sino la casa chorizo de los abuelos en la pampa y la siesta bajo los álamos y los horneros después de la lluvia y el pájaro carpintero que está dale que dale toc-toc-toc contra el pobre tronco, y se detiene por unos segundos y mira atento hacia ambos lados y vuelta contra el tronco mientras el timbre-despertador-(¿o-es-el-teléfono?) que apareció junto a las raíces del álamo que sobresalen entre la gramilla toc-toc-toc el carpintero Lauraa!! (es para vos, el teléfono es para vos) pero no hay teléfonos bajo los árboles a menos que abra los ojos, pero si abro los ojos... Lauraa!!! Riiiinnggg!! Y se incorpora aún antes de despertase del todo, y mientras camina hacia la puerta siente sobre los ojos un limpiaparabrisas que con cada pasada va eliminando pedazos de sueño y dibujando gradualmente un nuevo ambiente y cuando llega a la puerta el vidrio está limpio y ahí está la realidad y ahí está Matías -su hermano- con los bolsos y algunas cajas y la ropa y las risas y uh! me dormí y creo que soñaba que era el teléfono, no sé, autos, qué se yo..!

Laura pasó la tarde acomodando cosas, su hermano se fue al rato de dejar las cajas y las bolsas y no le ayudó porque tenía que seguir viaje, pero prometió volver cuando todo estuviera en orden... claro! Gracias!
Cuando tuvo tiempo de volver a parar por un rato, recordó partes del sueño de la siesta y se dijo que estaba claro que fueron todos los ruidos y movimientos nuevos a los que ya habría tiempo de acostumbrarse, los que la acompañaron durante ese rato -que no sabe cuanto- en que estuvo dormitando. El zuuummmm era el ascensor, los ruidos de la calle que venían en forma de bocinas, voces, trinos, sirenas, los balcones cercanos y era evidente que alguna mujer tenía maceteros y una madre con la que renegaba, el tránsito en el pasillo eran pasos, chicos corriendo, voces, llamados y cada tanto el cloc-cloc-cloc del piso de arriba, como ahora ¿eso que era? ¿vivía un carpintero arriba? era como maderitas, como palitos huecos chocando contra algo.
En eso estaba cuando sonó la puerta, un toc toc suave, pero al mirar por el visor sicodélico que estira dos cuadras el pasillo y deja los ojos y la nariz de quien llama tres veces más grandes que el resto del cuerpo, no había nadie. Le habrá parecido. Habrán golpeado en el departamento de al lado (¿pero tan fuerte suena?). Y al rato otra vez la puerta. Esta vez no le quedaron dudas de que era en su puerta y no en la del vecino. Miró rápidamente por el visor de narices gigantes pero como esta vez tampoco viera a nadie abrió la puerta.
Calculó que apenas pasaba el metro de altura y creyó que era por eso que no se lo veía por el visor pese a su sicodélica forma de abarcarlo todo en un centímetro. Pero ese poco más de un metro de altura era todo sonrisa y simpatía. Tenía zapatillas nuevitas, relucientes, un pantalón bermuda de jean y una remerita roja cuello polo. Después de esa sonrisa de diente de leche tenía el pelo castaño clarito, largo y peinado hacia la izquierda. Y era esa sonrisa de quien hace una travesura que está a la vista y no hace daño y era una simpatía que compraba todo lo que se le cruzara. Calculó que andaba por los tres años más o menos... ella no era muy habilidosa en eso.
-Hola lindo! -dijo Laura mientras se acuclillaba y le acariciaba el pelo. -¿Cómo te llamás?
-Facundo... y tengo asiiiií de años -y separaba las palmas de las manos abriendo los brazos hasta donde podía como esos pescadores que mienten el tamaño de un dorado.
-Sos un nene grande, ¿eh?
-Ti..! -respondió con otra sonrisa traviesa mientras se tomaba las manos por detrás de la espalda, estirando los brazos.
-Y qué andás haciendo solito por acá?
-Etoy allá arriba -y señaló hacia el techo del living de Laura. (Debe ser el hijo del carpintero... pensó ella) -Dice mi papá si me podés prestar un tomatito hata mañana...
-Un tomatito... a ver... ya te lo busco. -Laura se encaminó hacia la cocina y desde allí le dijo que pasara que ya se lo daba. Buscó en la canasta de verduras de la heladera un tomate grande, se fijó que no estuviera ni muy maduro ni muy verde y al querer incorporarse, ya con el tomate en la mano, se volvió a encontrar esta vez frente a frente con esa sonrisa puro diente de leche.
-Uy! que susto! -dijo ella bromeando y la respuesta del nene fue una risa contenida tapándose la boca con las dos manos y dejando que la carcajada saliera por la mirada. Ella siguió agachada y le extendió la mano con el tomate, el nene lo agarró, le dio un beso en la mejilla y salió al trotecito para afuera. Ella lo siguió hasta la puerta y alcanzó a verlo que subía por la escalera y se quedó allí pensando en que dada la altura del nene no llegaba por un poquito así al timbre y por eso llamó a la puerta pero ni se le ocurrió mirar la altura del botón del ascensor al cual el nene sí llegaba. De todas formas, si vivía en el piso de arriba y con esa vitalidad que tienen los chicos, era lógico pensar en que iría por la escalera.

Al día siguiente comenzó la carrera. Desde las 7 hasta las 13 le presentaron tantas secretarias, tantos encargados, empleados, cadetes y expedientes con los que habría de trabajar y había tomado tantos apuntes y trazado tantos gráficos y tachado y borroneado y vuelta a hacer, que más tarde, por la noche no recordaría ni cómo había llegado al departamento. Y pensar que había supuesto que la montaña de trabajo iba a ir creciendo de a poco! Nada más lejos: ese mismo día a eso de las dos de la tarde, llegó de vuelta al departamento junto con un empleado de la agencia que le ayudaba a cargar las cajas con carpetas y papeles. Hicieron ocho viajes cada uno hasta descargar el auto.
El resto de la tarde se la pasó acomodando y apilando en cierto orden las cajas, las carpetas y los apuntes con instrucciones que fue anotando durante toda la mañana. Al día siguiente, luego de revisar la primera parte del trabajo se comunicaría con el resto del grupo para que le fueran haciendo las distintas diligencias que les correspondía a cada uno de ellos. Ella, ya poco y nada tendría que salir de su departamento; calculaba que casi todo lo que necesitaba para trabajar estaba allí. No tendría horarios fijos que cumplir pero tampoco mucho tiempo para perder.

Laura se había recibido de contadora pública hacía dos años y trabajaba en el tema desde hacía cinco. Y éste año en particular, pintaba intenso. Sin ir más lejos, ese mismo mes había estrenado sus 28 años, residencia nueva (que implicaba no solo departamento si no que era nueva también en la ciudad) y puesto nuevo. Había quedado a cargo de un grupo de auditores externos de una agencia de contadores luego de unos cuantos trabajos exitosos en auditoría contable. Se había ganado una muy buena reputación y todo el trabajo que implicaba mantenerla y éste era su primer trabajo como coordinadora de auditores. Se sentía tranquila, como siempre, y dispuesta a ir hacia delante con este y con cualquier otro trabajo que se le pusiera. Eso lo tenía muy claro.
Esa noche cenó unas frutas y una jarra de jugo y se tiró a leer en la cama esperando el sueño que, calculaba, no tardaría en llegar dado el trajín del día. A partir de aproximadamente las ocho y media de la noche, los movimientos y los ruidos del edificio se fueron acallando de a poco hasta llegar a un tranquilo silencio apenas interrumpido muy de vez en cuando por el zuummmm del ascensor.
Estaba a punto de apagar la luz para dormir, haciendo un esfuerzo enorme por mantener los ojos abiertos para llegar al final del capítulo cuando volvió a sentir el cloc-cloc-cloc en el piso de arriba. Volvió a pensar que eran como cañitas o maderitas huecas que se caían o que golpeaban levemente en el suelo, como esos “llamadores de ángeles” que venden los artesanos, hechos con cañas de bambú o tacuara solo que sin música alguna. Y fue en ese momento, recién entonces, que se acordó de la simpática visita del día anterior. ¿Cómo había dicho que se llamaba? ¿Fabián? ¿Fernando? No pudo seguir pensando mucho más: estaba tratando de recordar el nombre del nene cuando sonó la puerta con un par de golpecitos cortos y secos. Se levantó, se puso la bata y miró por el calidoscopio para pasillos. Como no vio a nadie, comenzó a quitar las trabas para abrir la puerta suponiendo que era de nuevo el nene (Facundo!, ese era el nombre...) que venía a devolverle el tomate. Y se decía que no hacía falta que le devolviera el tomate, pero por otro lado, ahora que lo pensaba, le parecía medio raro que el carpintero acudiera a ella, que acababa de llegar y que, encima, estaba en otro piso, en vez de pedirle a algún vecino más cercano en el mismo piso o más conocido. No era que le molestara, en absoluto, para eso están los vecinos y si se es buen vecino mejor, pero no dejaba de resultarle extraño. Por otro lado mandar a un nene solo hoy en día, por más que sea dentro del mismo edificio donde uno vive, pero una vez más, que ella era nueva y no se sabía que clase de gente podía ser y le vino a la cabeza esa película de una niñera que parecía un ángel, más buena y santa que la Madre Teresa y terminó matando a una familia para quedarse con el hijo; todo porque ella había perdido un embarazo! Y cuando abrió la puerta estaba allí. Puro diente, la misma sonrisa, la misma ropa, la misma simpatía.
-Hooola..! ¿Facundo te llamabas vos? -dijo ella
-Ti... y tengo asiiiií de años... -y de vuelta el mismo gesto de enormidad favorito de los chicos.
-Y qué andás haciendo que todavía no estás acostado? -ella trataba de hablarle con la misma simpatía y dulzura que él irradiaba con sólo sonreír, pero calculaba que no llegaba.
-Dice mi papá si me podés prestar un tomatito hata mañana...
Claro que le pareció un poco extraño, pero ¿qué iba a hacer? ¿se lo iba a negar? ¿podía negarle algo a esa muestra gratis de dulzura? ¿podía sacar algo en claro si le preguntaba? ¿un nene de esa edad podía contestar preguntas siguiendo más o menos una lógica? Realmente no lo sabía y creyó que no era tiempo ni lugar para ponerse a buscar una respuesta.
-Cómo no! ya te lo traigo... pasá si querés...
Cuando volvió de la cocina con otro tomate la sobresaltó verlo parado sobre la mesa mirando el techo por encima de la lámpara.
-Facu! Bajate de ahí que es peligroso! mirá si te caés... - El nene giró para mirarla y volvió a taparse la boca con las dos manos mientras ahogaba una risa que se hacía más contagiosa todavía por ser una risa de ojos y no de voz. Ella lo rodeó con su brazo izquierdo por las piernas a la altura de la cola y lo levantó. Le dio el tomate y le dijo que no volviera a subirse a una mesa.
-Ti... -dijo el nene mientras asentía con la cabeza sin perder por un segundo la sonrisa.
-Bueno, andá a casita que es tarde - y lo dejó en el suelo. El nene comenzó a trotar hacia la puerta cuando ella le dijo:
-Eh! hoy no me das un beso? - a lo que el nene se frenó en seco, dio media vuelta, corrió a darle un beso en la mejilla y volvió a trotar hacia el pasillo. Ella volvió a asomarse por la puerta abierta hasta perderlo de vista escalera arriba. Mañana habría tiempo de despejar un poco de incógnitas.

¿Cuándo? ¿Mañana?
Lo que fue “mañana”!!!
“Mañana” fue que faltaban como dos meses de comprobantes de compras, algunas boletas eran prácticamente ilegibles, una caja con carpetas que estaban agrupadas por meses pero de distintos años, grupos de comprobantes sin fecha, correcciones hechas sobre las partidas de embarque y un par de joyitas más. Toda la mañana la pasó pidiendo cosas a los cadetes y éstos yendo y viniendo con papeles y carpetas hasta que ya bien pasado el mediodía tuvo prácticamente todo lo que necesitaba por un buen tiempo. En momentos en que se preparaba una ensalada para almorzar y luego, cuando por fin se sentó a comer y a descansar un rato tuvo oportunidad de recordar al nene del piso de arriba por dos motivos principales: uno fue mientras lavaba y cortaba los tomates que le quedaban y se decía que si esta noche venía a pedirle otro estaba sonado porque acababa de terminarlos y ese día no pensaba salir a comprar nada, pero esto lo veía como una situación cómica, como si no fuera a pasar, realmente creía que ya sería algo de sospechar si esa noche volvía a bajar el nene a pedirle otro tomate. El otro motivo fue que mientras comía miraba el desorden que le había quedado y el que aún faltaba entre tanta caja, carpeta y papel suelto; había lugares por los que prácticamente no se podía pasar y era notable cómo las únicas vías transitables eran las indispensables: al teléfono, a la mesa por su sector izquierdo y al pasillo que comunicaba por un lado al baño y por otro lado a la cocina. Ya hasta en el sofá había carpetas. Entonces se le ocurrió que podría encargarle cuanto antes mejor al carpintero de arriba (no se había puesto a pensar que era imposible una carpintería en un departamento céntrico, que tal vez el ruido que escuchaba pudiera ser de algún adorno o de algo que ocasionalmente se caía o golpeaba contra algo. No, ella simplemente dedujo que arriba vivía un carpintero...) alguna repisa o estantería donde poder apilar un poco las cosas. Después de todo, si él había tenido esa confianza con ella ¿por qué no podía presentarse ella como si nada y encargarle el trabajo?
Trabajó durante todo el día con pequeños momentos de distracción porque ya se sabe que una persona, si no quiere enloquecer, debería tener esos momentos cada una hora o menos. Así lo decía la pedagogía. De esa forma se enteró finalmente que la vecina del A, recibía cada tanto la molesta visita de su madre que se la pasaba parloteando y criticando su estilo de vida y principalmente se la agarraba con los progresos de los pequeños cultivos de especias que parecía tener la hija en los maceteros del balcón. También reconoció que alguno de los departamentos C o D vivía una familia con adolescentes. Lo que nunca pudo saber fue cuántos eran en realidad porque el movimiento, el ruido, las idas y venidas eran constantes como también eran incesantes los cambios de voces, los saludos de llegada y de salida y el zzuuummm del ascensor. La luz del pasillo -que funcionaba con un temporizador, como en todos los edificios- estaba prácticamente prendida durante todo el día. Pero en ciertos momentos de tranquilidad, especialmente muy temprano por la mañana, a la hora de la siesta o al anochecer, la cosa se tranquilizaba y podía sentir la compañía de algún que otro trino, o el murmullo de la calle, metros abajo o, de vez en cuando, alguna sirena lejana o la bocina del tren que sonaba tan distinto al carguero de la pampa.
Esa noche decidió que comería algo afuera, alguna hamburguesa o algo por el estilo y de paso se desenchufaba un rato de todo el trabajo que tuvo en el día. Se dio una ducha rápida, se vistió muy informalmente y cargó algunos billetes, los documentos y el teléfono en la carterita. Había terminado de cerrar las ventanas y estaba pasando con dificultad entre las cajas camino a la puerta para salir cuando volvió a sentir el cloc-cloc-cloc-cloc en el techo del living que siempre que sonaba lo hacía de forma diferente, con un desorden y una desarmonía que no terminaba de convencerla que fuera algún adorno o... ¿qué demonios podía ser? Aparte sonaba claramente cerca. Se dijo que mañana sin falta le haría una visita al vecino, al menos para conocerle la cara y si daba, de paso le encargaba una repisa o estantería. En el momento en que puso la mano sobre el picaporte para abrir se sobresaltó al escuchar el golpecito toc-toc-toc en la puerta. De repente, casi sin notarlo como proceso mental, entró en la cuenta que, siempre, segundos después de que oyera el cloc-cloc en el piso de arriba, el nene llamaba a la puerta. ¿Y si era el ruido del nene al bajar la escalera? Pero el nene tenía zapatillas de goma, ¿no?... y... ¡no iba a andar con zuecos! ¿Y los escalones? ¿Eran de made..? No, claramente eran de cemento y mosaico... tal vez algún mosaico flojo. ¿Y por qué lo sentía justo sobre el techo del living si la escalera estaba en otro lado completamente diferente? Y... algún misterio de la acústica apoyado en un intrincado sistema de cielorrasos y ventilaciones, se dijo.
Abrió la puerta y allí estaba.
Esta vez, no le sorprendió la simpatía y la sonrisa puro diente ni el gesto pícaro. Esta vez notó que la ropa seguía siendo la misma: zapatillas de goma, pantalón de jean azul, y remera roja con cuello polo.
-Hola Facu..! ¿Cómo te va? -Dijo ella mientras se agachaba para ponerse a la altura del nene. (Medía 1,75). (Ella).
-Biemm... contestó él con una sonrisa más grande aún, si cabía. -¿Ya te vas?
-Tengo que irme un momento, pero después vuelvo. ¿Y vos? ¿Qué andás haciendo?
-Dice mi papá si me podés prestar ("...un tomatito hasta mañana" -finalizó mentalmente la frase Laura para sus adentros. Ya conocía el discurso) un tomatito hasta mañana...
-Pero ya no me quedan, Facu... -dijo ella con gesto de congoja, un poco como haciendo trompa, mientras le acariciaba la pera.
-Qjjj -fue la respuesta del nene con una sonrisa de dientes apretados y cara haber dicho algo inconveniente que se intenta zanjear lo mejor posible.
-Me perdonás, Facu? ¿Me perdonás que hoy no te pueda dar?
-Ti... -fue lo que alcanzó a decir antes de llevarse las manos a la boca en ese gesto suyo de reírse como de una maldad simpática, como si tapándose la boca no se le notara que se estaba riendo en esa mirada que lo decía todo.
-Contame, ¿dónde vivís? - le preguntó Laura. Y fue la primera vez que le vio cambiar su eterna sonrisa por un gesto de seriedad. Aunque no era seriedad, más bien era como de pesar, de incomodidad, mientras miraba al suelo y negaba con la cabeza y empezaba a jugar incómodo con los dedos.
-La otra vez me dijiste que venías de arriba, del piso de arriba...
-Yo toy allá... dijo señalando una vez más el techo del living, como hace dos días y recuperando ya la sonrisa.
-Y bueno... entonces vivís en el departamento de arrib... -No la dejó terminar, le chantó un beso (no se lo dio, se lo chantó) en la mejilla y salió al trotecito, riendo entre dientes, hacia la escalera y empezó a subir. Estaba desconcertada y no pudo reaccionar. De todas formas, no tenía ganas de andar haciendo averiguaciones cuando estuvo todo el día haciendo trabajo de investigación contable y ya estaba un poco cansada de las complicaciones. Igualmente se dijo que “mañana sin falta” preguntaría sobre el tema que ya empezaba a intrigarle.

La mañana siguiente, en el baño, se encontró con la desagradable noticia que se le acababa de falsear la canilla de agua fría del lavatorio, ya que al querer cerrarla llegó a un punto en que se volvió a abrir, por lo que se podía cerrar hasta cierto punto sin que se pasara de rosca pero quedaba perdiendo un hilo de agua bastante considerable. Habrá que hacer de tripas corazón y llamar al portero que es el que se encarga de estas cosas. Pero quién dice, por ahí fue la mala impresión al principio, capaz que el tipo resultaba piola... Igualmente, no tenía tiempo para ponerse a buscar un plomero. De paso, si la ocasión daba, aprovecharía para tratar de sacarle alguna información sobre el carpintero y de su hijo.
Como a eso de las nueve bajó al hall de entrada y allí encontró al portero. Le comentó sobre el problema y le dijo que shi no era inconveniente, como a esho de las dosh él sha iba y le arreglaba la canisha. Que no she ishiera problema, que esh una pavada y en shinco minuto tá liSto.
Sábado a las dos de la tarde. Puntual. Don César llamó a la puerta y Laura lo hizo pasar. Ella estaba enredada entre carpetas y rollos de papel de calculadora. Como pudieron, saltando entre las cajas que había estado tratando de acomodar por la mañana, pasaron al baño y el portero puso manos a la obra. Ella aprovechó para hacer un descanso, fue hasta la cocina y acercó el equipo de mate para empezar a cebar. Tomó el primero y le tendió el segundo a don César que ya había retirado la canilla rota.
-Don César: tengo que hacerle una consulta.
-Diga nomás -respondió el con una sonrisa mientras sacaba de la bolsa la canilla nueva.
-Vive un carpintero en el departamento justo arriba de éste? -Don César no interrumpió su trabajo para contestarle. Le dijo que el departamento de arriba no vivía nadie desde hacía 18 años porque quien había sido su dueño estaba en juicio por la desaparición en ese entonces de un nene y lo que se creía podía tratarse de un asesinato. Así de simple...
-Por qué me lo pregunta?
Laura tragó saliva y de a poco fue normalizando la abertura de los ojos con que había quedado luego de un relato tan corto y tan fatal.
-Un nene desaparecido? -Alcanzó a preguntar como atragantada.
Ahora sí, don César dejó la pico de loro sobre la pileta, dio una chupada larga al mate, sacó un pañuelo del bolsillo trasero del pantalón y se secó rápidamente las manos. Se acomodó el bigote y bajó los anteojos hasta casi la punta de la nariz para poder mirarla sin intermediarios. - Yh... no she shupo nunca qué fue lo que pashó... -dijo Don César con voz baja- el pibito nunca apareció.
Laura se sobresaltó y sintió el pecho latir cada vez más rápido.
-Yo entré a trabajar en eSte edificio cashi un año después de esho -repuso don César mientras abría la llave de paso en la pared junto a la ducha. -Pero al poco tiempo eStaba prácticamente enterado de todo...
-Un nenito... repitió Laura. -Pero qué pasó? Cómo fue?
-Una cosha de locos, vea... un tipo que vivía sholo con el hijito. Yo no shé cómo podía... pero lo tenía de eSclavo, pobre... vivía borracho y lo fajaba todo’ lo díaS... Y pareshe que un día lo mandó a hashér lo’ mandado a la verdulería y el pibito pareshe que volvió tarde y con la mitad de la’ cosha’. Ahí she ve que lo fajó tanto que el pibito, como pudo, se eScapó... Pero usté sabe que el pibito no decía ni mu, eh! Se la bancaba solito... a veshe lo veía uno con la cara y lo brashito golpeados pero nadie fue capaz de hacer nada... Ma! si yo hubiera eStado entonce... -dijo mientras levantaba la pico de loro como amenazando- Como el pibito era tan callado, a la final nadie shupo nada, nadie she enteró de nada haSta que un día alguien empezó a soSpechar que por qué al pibito no she lo veía má’. Al tiempo alguien llamó a la polecía y cuando vinieron el tipo eStaba tan borracho que no pudieron shacarle ni un dato. Y terminó dishiendo que el pibito se había ido de la casha y que she había ido con su madre a Shan Pedro. Nadie le creyó porque la cosha es que le pibito nunca apareció, ni acá, ni en Shan Pedro ni en la China
(“un nenito...” las palabras resonaban en la cabeza de Laura que no podía terminar de acomodar algo que le andaba dando vueltas... o no quería que se acomode!)
-Qué horror... -dijo ella negando con la cabeza.
-Y bue... la shiudá... acá pasha de todo. Esto está listo, está... era el vástago que she había falseado así que cambiamo’ todo y a otra cosha. Y por ser la inquilina má linda de la temporada no le voy a cobrar nada... oshequio de la casa.
-Bueno don César, muchas gracias por el trabajo y el cumplido... no es para tanto.
-El trabajo no es para tanto... lo otro shí. -agregó el portero cerrando la caja de herramientas y encaminándose hacia la puerta.
-Tomese el del estribo don César -dijo ella extendiéndole otro mate. Lo terminó de un solo trago y agradeció. Antes de salir se dio vuelta y volvió a preguntarle:
-Por qué quería shaber del departamento de arriba?
-No, nada... me estaba haciendo falta una estantería y no se por qué se me ocurrió que arriba podía vivir un carpintero...
El portero la miró un poco extrañado y dio por finalizada la charla convencido con la explicación que Laura le había dado. Ya en la puerta del ascensor le dijo: -sobre Santa Rosa, do cuadrash al norte hay una carpintería.
-Gracias don César -dijo ella desde la puerta.
De desplomó sobre el sofá y cayeron algunas carpetas. No le importó.
Seguía mareada por las dos situaciones encontradas que se le planteaban en la cabeza: quería creer que no era lo que pensaba pero estaba prácticamente segura que no se equivocaba. Facundo le había señalado claramente que vivía en el departamento de arriba. O era una casualidad y el nene se desubicaba un poco al bajar la escalera y señalaba su techo cuando en realidad quería señalar hacia otro departamento.
Dándole tantas vueltas a la idea se le pasó casi toda la tarde. Incluso dos veces se detuvo un instante antes de golpear la puerta del departamento de arriba. Había subido la escalera como lo hacía Facundo y llegó hasta la puerta misma del 19 B. Eso sí: no se animó a mirar por la cerradura. Y el silencio del lugar confirmaba lo que don César le había dicho: estaba vacío.Otra vez tendida sobre el sofá, con la mirada perdida en el techo y las ideas dando vuelta, y el cielorraso que hasta ese preciso momento no había notado el sutil tramado decorativo que tenía, y la lámpara que difundía la luz más de lo preciso y entonces entendía porqué le molestaban un poco los ojos y era el esfuerzo que hacía porque la luz era tenue, ¿o era que el cable era tan fino que no pasaba suficiente electricidad? le dio risa la idea, propia de las bromas de su abuelo materno, cloc-cloc-cloc-cloc y el sobresalto inmediato porque acababa de notar precisamente por dónde salía el ruido de arriba y era del apretado, casi nulo espacio que había entre el cable y el agujero del cielorraso..., pero el cloc-cloc-clo-cloc! ...quería decir que en cualquier momen..! TOC-TOC-TOC!! la puerta. Se levantó en silencio sin dejar de mirar el cielorraso sobre la lámpara y se acercó hasta la puerta. Esta vez no miró por el endoscopio de túneles y se agachó despacio y procurando no hacer ruido. Espió por debajo de la puerta y alcanzó a ver claramente el reflejo de la luz del pasillo sobre los mosaicos... no había pies junto a la puerta; no había nadie que pudiera golpear mientras no sea con un palo largo o que esté escondido tras la pared a un costado de la puerta TOC-TOC-TOC!!! Los golpes en la puerta prácticamente sobre su oído la sobresaltaron y pudo sentir su corazón a punto de estallar. Se contuvo y siguió espiando por debajo de la puerta y otra vez: nada. Se preparó para un nuevo susto por golpes pero esta vez nada ocurrió. Se apagó lentamente la luz del pasillo y todo volvió a quedar en silencio, pero otra vez TOC-TOC-TOC-TOC ahora un poco más espaciados entre sí pero más fuertes los golpes y por fin la voz del nene, nervioso, asustado y lloriqueando “abrimeabrimeabrimeabrime!!” cuando se acordó de la lámpara y el cielorraso que volvieron a sonar cloc-cloc-cloc y esta vez (tal vez siempre había pasado pero nunca antes lo había notado) la pantalla de la lámpara oscilaba levemente y el cloc-cloc-cloc-cloc-cloc cada vez más largo y desordenado y la puerta TOC! TOC! TOC! que ya parecían patadas y comenzaba a crujir la cerradura y el nene “abrimeabrimeabrimeabrime”, “mipapámipapámipapá” POM! POM POM!! y el cielorraso que sonaba a percusión borracha y el vaivén de la lámpara y el mareo y las imágenes en oleadas y todo el cuarto iba y venía desacompasado de los gritos "abrimeabrimeabrime", "mipapámipapámipapá", los golpes y un zumbido primero imperceptible y despés cada vez más ensordecedor que lo iba llenando todo y el coraje que no tenía de apartarse de la puerta que la sacudía a ella con cada golpe y correr dos pasos largos y colgarse de la lámpara y arrancar el cable y desprender parte del cielorraso y esquivar entre los pedazos de yeso, los huesos que caían haciendo cloc cloc cloc en el piso y los tomates algunos ya podridos otros más frescos que reventaban contra el piso y la desesperación al querer incorporarse, resbalarse y caer una y otra vez sobre la pasta de tomate y los huesos que la enredaban y el cráneo chiquito, partido, que le sonreía con media sonrisa en el piso, media sonrisa pura diente de leche y el cloc cloc cloc que de a poco se fue deteniendo con los últimos huesos que caían y los gritos y el llanto desesperado se alejaban por el pasillo oscuro, del otro lado de la puerta que ya no temblaba y el zumbido del ascensor que de a poco se fue silenciando y la última cascarita de yeso sobre su cara que lloraba y los sollozos que mezclaban lágrimas con sangre de tomate y yeso y polvo y en voz baja decía: “ya sos libre... ya sos libre”.

Sueños

"That was just a dream! That's me in the corner
that's me in the spotlight loosing my religion..." R.E.M.

"You may say I'm a dreamer but I'm not the only one" John Lennon

Casi todas las personas que conozco dijeron alguna vez tener sueños repetitivos. Algunos sueñan que se les caen los dientes, otros que les sangran las uñas... en fin. No sorprende a nadie a esta altura del partido que entidades tan distintas unas de otras como somos los humanos, podamos soñar casi lo mismo. Podemos ejemplificar entonces que no hay nada más extraño, maravilloso e impresionante que soñar que volamos. Personalmente, reconozco que me viene un poco de miedo y desconcierto a la hora de esquivar cables y árboles, pero supongo que para los seres acostumbrados al tránsito aéreo esto debe sonar a una pavada. Del mismo modo, creo que todos coincidimos en que no hay nda más divertido por lo absurdo que tratar de "leer" en sueños; y qué me dicen de encontrarse desnudo en medio de la calle y las mil trabas que aparecen a la hora de meterse en un refugio o de encontrar ropa que ponerse. Tratar de correr y sentirse clavado al piso, querer gritar y no llegar ni al susurro. Hay sueños endemoniados que aterrorizan solo con un zumbido que en el día no jode a nadie, pero dentro de nuestras cabezas es la más temible de nuestras pesadillas.
Volviendo a los sueños repetidos y ya en mi propio caso, hay tres o cuatro temas que vuelven cada tanto, a veces en distintos formatos, con diferente "escenografía", pero todos con una carga de angustia que hacen que ese momento de descanso en el cual apareció el sueño no sea tan "reparador". A veces sueño que estoy haciendo marcha atrás en un auto y no puedo frenar por más que pise el freno a fondo y hasta casi saque el otro pie afuera como para ayudar a la frenada. Es desesperante. Otras veces me encuentro, después de mucho tiempo (pero mucho tiempo, hablo de años), en un aula o en un pasillo de un colegio dispuesto a entrar (bah, dispuesto es una manera de decir, no creo estar dispuesto a semejante locura) a clase donde una profesora de matemática nos va a tomar un examen postergado vaya a saber porqué demonios hasta este momento. Claro! pasó tanto tiempo, nadie me avisó nada, no se que era lo que había que estudiar, ni siquiera hubo clases donde yo pudiera tomar apuntes!! Nunca recuerdo cómo salgo de semejante trance, pero sí recuerdo el cansancio mental que me produce ese sueño.
Por último está lo que me pasó anoche y por lo general noto cierta similitud con el sueño descripto anteriormente: faltan helados, no están pasados por la fabricadora o -lo que es peor- ni siquiera están preparados. Hace mucho que faltan, no me explico qué pasó, por qué pasó tanto tiempo sin reponer lo que faltaba, yo ya no me acuerdo las fórmulas, mi viejo está por llegar y se va a armar quilombo o ya llegó y como las cosas no estaban hechas se creó un ambiente de mierda en el lugar y por más que yo ya esté trabajando en eso (poniendo la preparación en la fabricadora o ya sacándola) el reproche está ahí, latente, sin vuelta atrás. Otras veces sucede que el helado se pasó de frío en la fabricadora porque lo descuidé y se complica sacarlo y se arruina la máquina y todo se sigue atrasando cada vez más. Una cosa notable es que en este sueño siempre tenemos la vieja fabricadora Siam a tirabuzón que usábamos al principio y nuca aparece la semiautomática que hacía todo más rápido y más fácil aunque sin el encanto "artesanal" que le daba la vieja máquina al helado.
Sres./ sras. / srtos. / srtas. licenciados en Sicología y especializados en interpretación de sueños, estudiantes avanzados con ínfulas de José (el famoso intérprete de las vacas flacas y las vacas gordas), meteretes de los que nunca faltan, ingenieros en todología, autoridades presentes, sr. cura párroco, sr. jefe de bomberos, público en general: se aceptan sugerencias (los que me sugieran terapia o internación, sepan que ya estoy en eso), comentarios "anversos" o a favor, retruques y opiniones varias.
Bueno, dejamos aquí por hoy? Son 25 pesos.
Muchas gracias.

29 de abril de 2005

Los insufribles

  • Los que te piden que vayas despacio aunque andes en una Renoleta
  • Los que cada dos palabras meten un "me entendés?"
  • Los que "tunean" un Taunnus
  • Los que "tunean" un ciclomotor
  • Los que andan en "tunnings" sean éstos autos o ciclomotores
  • Los Fiat
  • Los que te preguntan cuánto tiempo tiene la nena (y es un nene!)
  • Los que te preguntan cómo se llama la nena (y es un nene!)
  • Los que deducen que por el pelo largo el nene es nena
  • Los que andan por la calle silbando a las 7 de la mañana
  • Mónica y César
  • El comercial de La Cautiva (válido en Rosario y alrededores)
  • Bermejo (ídem anterior)
  • Los que aceleran cuando vas cruzando por la senda peatonal
  • Los taxistas/remiseros cumbieros (o sea,todos) (ah, bueno... sorry... no ando en bondi... así que los fercho de bondi también?)
  • La perra de la vecina (la perra de cuatro patas, se entiende)
  • Los garcas que la juegan de artistas sensibles
  • Los camioneros que te "cuidan" en la ruta tirándose a la izquierda y no dejándote ver quien cornos viene de frente. Yo quiero decidir cuándo te paso y cómo! tamos?
  • Los camioneros que no les da el cuero para pasar a otro y te hacen tirar a la banquina
  • Los camioneros que van largando soja y humo
  • Los camioneros
  • Dejamos aquí por hoy?

18 de abril de 2005

That Particular Time

my foundation was rocked my tried and true way to deal was to vanish
my departures were old I stood in the room shaking in my boots
at that particular time love had challenged me to stay
at that particular moment I knew not to run away again
that particular month I was ready to investigate with you
at that particular time

we thought a break would be good for four months we sat and vacillated
we thought a small time apart would clear up the doubts that were abounding
at that particular time love encouraged me to wait
at that particular moment it helped me to be patient
that particular month we needed time to marinate in what "us" meant
at that particular time

I've always wanted for you what you've wanted for yourself
and yet I wanted to save us from high, water or hell
and I kept on ignoring the ambivalence you felt
and in the meantime I lost myself
in the meantime I lost myself
I'm sorry I lost myself….i am

you knew you needed more time time spent alone with no distraction
you felt you needed to fly solo and high to define what you wanted
at that particular time love encouraged me to leave
at that particular moment I knew staying with you meant deserting me
that particular month was harder than you'd believe but I still left
at that particular time


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(mis cimientos se sacudieron, mi comprobada y cierta forma de negociar se desvaneció
me vi llegando tarde, me quedé en el recinto temblando dentro de mis botas
en ese momento en particular, el amor me desafió a que me quede
en ese momento en particular, supe no salir corriendo otra vez
ese mes en particular estaba listo para investigar con vos
ese momento en particular

creimos que un descanso nos iba a venir bien. Por cuatro meses nos sentamos y dudamos
creimos que un pequeño momento separados despejaría las dudas que nos rondaban
en ese momento en particular el amor me dio coraje para esperar
en ese momento en particular me ayudó a ser paciente
ese mes en particular necesitamos masticar el significado de "nosotros"
ese momento en particular

siempre quise para vos lo que para vos también quisiste
y hasta quise salvarnos del cielo y el infierno
y persistí en ignorar la ambivalencia que sentías
y mientras tanto yo me perdí,
mientras me perdí,
lo siento... me perdí

supiste que querías más tiempo, tiempo para estar solo, sin distracciones
sentiste que necesitabas volar sola y alto para definir lo que querías
en ese momento en particular el amor me dio coraje para irme
en ese momento en particular supe que quedarme con vos significaba abandonarme
ese mes en particular fue más duro de lo que pensás, pero aún así me fui
en ese momento en particular)

Alanis Morissette


17 de abril de 2005

En blanco y negro

Abrí los ojos y te vi, estabas linda como siempre. Las primeras luces del día te invitaban a seguir. Como en sueños,intentabas ser el centro de algún universo, enfermando a bocanadas, reviviendo a multitudes que la aman, como yo.
Buenos Aires es así: te engulle apenas pasás Campana y caés como en un embudo desde la panamericana hasta Plaza Italia y ya no podés salir de la vorágine sin dejar algo de vos en sus calles, en su gente cada día más loca, en las distancias interminables en las galaxias que encierra cada persona, en las sirenas, los disparos, los que hablan solos, los que corren disfrazados, los que dan vueltas sin sentido, los que regresan a casa.
Desde donde estoy no puedo saber por dónde sale el sol ni la orientación de las estrellas, pero en mis brazos Luciano me grita de repente "Luna, Luna!" Y allá está... milagrosamente luna, increíblemente blanca, lamentablemente "media". Hoy no alcanza la luna, por más que insista en mostrarse entre los fresnos dormidos y los edificios centellantes. Hoy hay solo media luna. A Luciano parece sobrarle y eso es todo lo que interesa.

11 de abril de 2005

Me debo

  • Aprender "Mood for a day" completo.
  • Una Pearl de 5 cuerpos, con parches Remo y platos Zildjian (y alguna cajita de efectos o un Octapad o como demonios se llamen entonces).
  • Una Harley softail con los mandos adelantados, manubrio recto y un solo asiento. Aprender a remontar barriletes para poder enseñarle a Luciano.
  • Un viaje al Calafate en la moto.
  • Volver a creer que puedo cantar algo frente a alguien.
  • Decirme "sí" a mí mismo como le digo "sí" a los demás y decirle "no" a los demás como me digo "no" a mí mismo.
  • Una Ovation, un Chorus... y vas a ver que Aguila de Trueno me sale igualita, igualita...

Espiral

Prendo un espiral. Los mosquitos están insoportables. Por estos días la tecnología (será?) nos tiene acostumbrados a artilugios químicos casi milagrosos como el repelente en aerosol sin CFC, las velas de citronela y las tabletas termoevaporables. Tengo de eso también, solo necesitaría estirar el brazo, pero se me ocurrió prender un espiral. Apago las luces y de a poco la brasa color coral parece derivar en el espacio de la habitación a sus anchas. No se ve el humo pero una voluta me alcanza, me rodea, se deja montar y me lleva.
Noches de verano, de ventanas y puertas abiertas, grillos (y mosquitos, of cors!) la mesa en el patio, una comida fría (no se porqué se me ocurre que puede ser esa mezcla de arroz con carne picada y cebolla que nunca supe cómo se llamaba o arroz -que raro! toda comida que recuerde en aquellos años incluye indefectiblemente el arroz... será secuela de la famosa amenaza china?) con riñones y una salsita con gustito a vino (probablemente para neutralizar el sabor a meo de los riñones). El televisor en el vano de la puerta que da al patio. En la sobremesa tal vez una copita de ginebra y una mano de truco o generala de mi viejo con el vecino de atrás que solo venía en verano porque en invierno vivía en un lugar muy lejano y frío que se llamaba Bariloche y siempre mandaba postales donde se veían montañas, nieve, casas de madera y piedra y un lago enorme que daba frío de solo mirarlo.
Temperley en verano y de noche. A veces una luz lejana y chiquita en el cielo que para mí era una estrella moviéndose; tranquilamente podía haber sido un avión pero como en esa época era el furor de la era espacial mi mamá decía que era un satélite y a mí me daba miedo y me metía bajo la mesa o me quería ir para adentro... pero claro, adentro podían aparecer las luces en forma de anillo que recorrían las paredes y esa era la voz de los marcianos, los invasores y su dedo meñique que no se doblaba. Entonces, ahí abajo de la mesa en el centro del patio, un espiral prendido y la brasa roja y el humo y la felicidad de una noche en familia, y acostarnos "tarde" y dormir con la ventana abierta y la cortina que a veces se hinchaba con la brisa fresca y las estrellas con su silencio y los grillos con su insistente chirrido y los sueños y la manta a la madrugada porque claro, a esa hora refrescaba. Y la mañana y el despertar y el olor a espiral impregnado en cada partícula de aire que respiraba. Y era feliz... qué se yo! No necesitaba nada más. Simplemente que todo siguiera así, el calor, la libertad y el olor a espiral que nos protegía. Ya habría tiempo y lugar para la tragedia que se avecinaba.

Queda mucho por hacer


fender2


Los dos están aún tibios, ella tal vez un poco más que él. Él quizás haya soltado su último aliento ya sin conciencia. Ella lanzó una bocanada de humo tenue, tosió levemente y quedó recostada. La luz de una noche espesa y húmeda daba en sus ojos y hacía brillar sus cuerpos.
En un galpón de las afueras, empapelado con afiches y revuelto de botellas y guitarras, una cuerda se cortó con un chasquido seco y una pizca de polvo flotó unos instantes en el ambiente oscuro.
Muy pronto el lugar se llenó de luces brillantes, ambar, rojas, azules. Hubo ruido, confusión, llantos, estupor... Él lo vio todo desde el cielo, entre la niebla; ella contemplaba la escena desde su lecho de asfalto. Alguien los levantó. A él se lo llevaron en camilla y lo cubrieron con una sábana; a ella la movieron a un costado y la cargaron en un trailer.
Diciembre de 1980, yo volvía del colegio y encontré a mi vieja con los ojos enrojecidos, no sabía si por llanto o por la alergia que oportunamente aparecía con cada cambio estacional. Luego lo supe: Lennon había muerto y toda una generación lo lloraba. Yo apenas conocía sus canciones pero no conocía su vida ni la forma en que su vida influyó en la de tanta gente, incluída mi vieja.
Hoy en la radio solo se oye "Y dale Pappo, dale, dale Pappo..." Se que no voy a llorar, pero siento una tristeza enorme y me pregunto si estamos preparados para ir quedándonos solos. Qué vamos a hacer? Cómo vamos a reaccionar cuando nos enteremos que de un momento a otro (como suceden estas cosas) nos quedemos huérfanos de García, de Luis, de Lebón, de León, de Diego..?
No soy del palo de Pappo al punto de tener sus discos, pero era una cosa oír su guitarra y emocionarse hasta las lágrimas, era ver su entrega en un escenario y sentir la piel de gallina.
Hoy la vida me tiene tras un mostrador como a tantos otros los tiene en una oficina, tras el volante de un transporte, en un laboratorio, en un estudio de arquitectura o entregando pizzas a domicilio y nos preguntamos qué hemos hecho con nuestras vidas. Pero en ese fondo que siempre nos queda sueño cion una Harley, viajar al sur, recorrer las rutas argentinas en ese éxodo de la ciudad que tanto deseábamos, escuchar blues y rock and roll (ya que no me da el cuero para tocarlo) y que mi hijo - que también se llama Luciano- pueda ser feliz, se sienta libre y llegue a emocionarse con esas cosas simples pero enormes que muy de vez en cuando la vida nos regala: un solo de guitarra, un fogón, un atardecer de fuego, un lago helado...
En fin... gracias Pappo por la música, por el desparpajo, por la pasión y por la entrega!
Con el tiempo las otras cuerdas se fueron cortando. Ella no quiso volver a arrancar nunca más y quedó en el galpón de las afueras tapada con una lona. Cada 25 de Febrero cae una gota de aceite y al tocar el piso suena como una cuerda que se corta. Hay quien dice que si pudiéramos reproducir cada sonido de las gotas de aceite en una secuencia de semifusas, lograríamos un riff inquietante... revelador.

1 de febrero de 2005

Pedacitos

I thought we'd be simple together
I thought we'd be happy together
thought we'd be limitless together
I thought we'd be precious together
but I was sadly mistaken

You've been my soulmate and then some
I remembered you the moment I met you
with you I knew god's face was handsome
with you I saw fun and expansion

This loss is numbing me
it pierces my chest
and I can't stop dropping everything

I thought we'd be sexy together
thought we'd be evolving together
I thought we'd have children together
I thought we'd be family together
but I was sadly mistaken

if I had a bill for all the philosophies I shared
if I had a penny for all the possibilities I presented
if I had a dime for every hand thrown up in the air
my wealth would render this no less severe

I thought we'd be genius together
I thought we'd be healing together
I thought we'd be growing together
thought we'd be adventurous togheter
but I was sadly mistaken

thought we'd be exploring together
thought we'd be inspired together
i thought we'd be flying together
thought we'd be on fire together
but I was sadly mistaken

(creí que juntos íbamos a ser sencillos
creí que juntos íbamos a ser felices
creí que juntos íbamos a ser ilimitados
creí que juntos íbamos a ser preciosos
pero lamentablemente estaba equivocado

Fuiste mi alma gemela y de algún modo
me acordé de vos cuando nos conocimos
Con vos aprendí que la cara de Dios era hermosa
con vos conocí la diversión y la expansión

Esta pérdida me está atontando
me perfora el pecho
y no puedo detener este derrumbe

Creí que juntos íbamos a ser sexys
creí que juntos íbamos a evolucionar
creí que juntos íbamos a tener chicos
creí que juntos íbamos a ser una familia
pero lamentablemente estaba equivocado

Si tuviera un billete por cada filosofía compartida
si tuviera una moneda por cada posibilidad que presenté
si tuviera un centavo por cada mano arrojada al viento
semejante fortuna no haría que esto fuera menos grave

Creí que juntos íbamos a ser geniales
creí que juntos íbamos a sanarnos
creí que juntos íbamos a crecer
creí que juntos íbamos a ser aventureros
pero lamentablemente estaba equivocado

Creí que juntos íbamos a explorar
creí que juntos íbamos a inspirarnos
creí que íbamos a volar juntos
creí que juntos íbamos a arder
pero lamentablemente estaba equivocado)


Alanis Morissette

Premoniciones?

Días atrás escribí dos o tres líneas con la manifiesta intención de perder un poco más de tiempo al amparo del bendito aire acondicionado de un ciber mientras esperaba que algún transporte me lleve de nuevo a casa. Lo único "real" de eso que escribí era el fresco y las mínimas ganas de irme de allí y un leve dolor de cabeza totalmente atribuible al calor reinante en Rosario. Pero así como esos repentinos y helados silencios que delatan aparatosamente el paso indiscreto de un ángel en la multitud, andaban un par de conceptos dando vueltas por un ambiente totalmente ajeno a lo que mis infinitesimales percepciones (llamadas así en virtud de una generosa exageración) deberían estar acostumbradas, quiero decir que si puedo llegar a ser capaz de percibir mínimamente algo, sería lo más lógico que suceda en un ambiente un tanto más familiar. Nunca sabré por qué aparecieron en ese lugar y en ese momento las palabras que describen de forma tan clara a la ventana de enfrente por donde entra el sol. Lo cierto es que por unos días terminé durmiendo en esa habitación donde el sol entra antes que en otros lados y me despierta. Tampoco sabré de qué forma llegó a mí la idea de una tira de pastillas que se están terminando, pero asombrosamente me encuentro ahora frente a la cercana probabilidad de ingerir dentro de poco tiempo, algún medicamento que me ayude a llevar tanto peso y poder tener así el resto de humanidad libre para poder cargar con esos 13 kilos y pico de existencia que no pesan más que en una idea de cansancio en los brazos pero gracias a los cuales decidí que ya es hora de tirar el acoplado a la banquina y tener esos brazos libres para jugar y la cabeza en calma para aprender. Tampoco entiendo por qué hablé de una nota. Y por qué invertí los roles en términos de emisor-receptor? Yo no dejé una nota sobre la mesa... fue peor. Y la idea del "control remoto"? Quién tiene el control? Algo/alguien remoto, nada menos. Yo ya no decido nada, nada me responde. Y sigo sin entender de dónde saqué esas ideas antes que todo pase. Será que debo prestar más atención a lo que pasa a mi alrededor? Será que tengo entonces la capacidad de ver esas cosas antes que pasen? Y si así fuera, tengo la sabiduría para enfrentarlas y dar la cara a la verdad, poner la otra mejilla?
Tengo miedo. Tengo miedo de captar otras ideas y que no me gusten nada.

18 de enero de 2005

Anclado en Rosario

Duele un poco la cabeza, es inevitable, más sabiendo el calor de afuera, más empezando a extrañar antes de salir de este fresco momento, que alguien soñara eterno y no deja de ser solo un pedacito de arena cayendo.
Sabés qué hora es? Leíste lo que te dejé en la mesa?

Hace tiempo que el sol viene saliendo por la ventana de enfrente y el reflejo me despierta antes de tiempo. Y me duele la cabeza. Y se acabó la tirita de pastillas. No creo que vuelvas sobre tus pasos desde la puerta para callar al papelito que desespera sobre el mantel... o quedó bajo el control remoto? Ya es tarde, no?

9 de noviembre de 2004

(des)encuentros

En la época en que los fresnos de tu vereda comenzaban a tener este color a miel tostada te gustaba salir a caminar por las calles vacías los domingos después de la siesta. Las clases habían empezado hacía rato y ya se notaba el desánimo y la rutina, si es que a esa edad la vida podía ser rutinaria. Te imaginabas que ese paseo de domingo era con ella de la mano y que al dar la vuelta en la esquina de la tienda, allí donde el boulevard apuntaba hacia la ruta, lejana y peligrosa, bajo las pocas hojas de los plátanos, le chantabas el beso de su vida, el beso que nunca olvidaría. Después de ese beso estabas seguro que un día te ibas a ir a estudiar o a vivir lejos, pero en la imaginaria despedida le decías que volverías por ella en una moto enorme y brillante, de esas importadas que estaban tan de moda, y ante la atónita mirada de los viejos vecinos del pueblo te la llevarías a la gran ciudad y serían felices comiendo panchitos en la esquina de la plaza Colón. Ella te había cautivado con esos ojazos azules tras las negras y enormes pestañas y no podías entender cómo había hecho el buen Dios para crear semejante belleza y envasarla compacta y precisa en una chica de 10 años. Todos los domingos, en misa, buscabas esa mirada esquiva salpicada de sonrisas fugaces en el altillo de la iglesia desde donde cantaba con esa voz de ángel, con su vestido blanco y su saquito celeste... toda una vírgen María que se sonrojaba cuando le guiñabas un ojo cómplice y atrevido. Ella giraba el rostro nerviosamente y echaba un vistazo imperceptible, temeroso, a su madre gris y lejana que sin embargo todo lo veía y todo lo registraba, y sabía perfectamente qué sucedía más allá del teclado del piano desvencijado que tocaba de memoria, casi con resignada parsimonia, acompañando por dentro la melodía de sus dedos en un silencio altivo y sereno, desarrollado desde que su voz había claudicado mucho tiempo atrás y que jamás volvería a superar un susurro ronco y escaso.
Pasaron las estaciones, los años, las sequías y las modas, cada tanto el coro de la iglesia estrenaba una nueva canción y tu escuela ganaba el campeonato local o salía segunda. Pasaste de grado y llegaste al secundario. Y te fuiste a vivir lejos, como habías imaginado, solo que en tus sueños viajabas solo y no con tu familia que te llevaba de un lado a otro, de barrio en barrio y de negocio en negocio. Fuiste a los cines, saliste a bailar, te enamoraste de cuanta mujer veías pasar y te desenamoraste casi al instante en que daba vuelta la esquina y se alejaba definitivamente de tu vida. Comiste panchos en la esquina de la plaza Colón y cambiaste la bici por el colectivo y el trole. Nunca más supiste de ella ni de su madre pianista y gris, ni del cura que a veces te sorprendía con la boca abierta en vez de estar cantando. Cada tanto creías ver esos ojos azules en infinitos rostros distintos, incluso en nenas de 10 años creyendo que algún ángel había obrado el milagro y te había transportado a tus sueños en plena calle, y te imaginaste parado frente a ella, en pantalón corto y con las zapatillas atadas en los tobillos para que no se te enreden en la cadena de la bici, y la invitabas con helado de choco y vainilla y una vuelta a la plaza. Pero tenías más de veinte y ese tipo de prodigios solo ocurren en las películas que nunca pudieron ver juntos o en los cuentos que nunca tuvieron oportunidad de leer, a la luz de una linterna en la vereda de su casa, una noche de verano.
Y cuando por fin tuviste la moto enorme y brillante para ir a buscarla entraste al pueblo por la nueva avenida (lápida del viejo boulevard), llegaste hasta la esquina del supermercado (tumba de la antigua tienda del turco) y a dos cuadras de la plaza, bajo los nuevos jacarandás que embellecen el pueblo mil veces más que los enormes y descascarados plátanos, te desorientaste al ver una inmensa ferretería donde tendría que estar el living de donde brotaban como un delicioso mantra las escalas del piano tin tin tin tin TIN TIN tin tin tin tin las tardes de invierno cuando todo era silencio y olor a humo de hogares encendidos. Cenaste un helado en un local de la nueva galería porque la heladería de la otra cuadra cerró hace tiempo. Dormiste en un hotel porque don Portela murió a fines de los 80 y hace como 15 años que ya no hay pensiones en el pueblo. Te levantaste temprano esa mañana y no escuchaste la llamada a misa porque el campanario está todo rajado y se puede caer en cualquier momento si llega a vibrar una campana. Como hace miles de años renunciaste a la fe católica, pero principalmente renunciaste a ir a una iglesia donde no cantara ella, esperaste a que terminara la misa para entrar y te quedaste mirando, sobre un ala lateral cerca de la puerta, hasta que el último feligrés hubo salido del templo, los viejos y conocidos rincones, columnas y santos de madera que supieron de tus confesiones apuradas y tu temor paralizante al pecado mortal. Ya en el inmaculado silencio que había caído de a poco en la casa de Dios, oíste bajar, lentos, los pasos por la escalera del altillo. Al ver aparecer la figura de la mujer te quedaste helado y temiste que pudiera reconocerte, que los relojes y almanaques hubieran mentido todo este tiempo y que ahora al tenerte frente a frente, a solas, te iba a reprender con su severa disfonía y que más te valía que prestes atención a la misa y dejes de mirar todo el tiempo a su hija, que este lugar es para comulgar con el Señor y no para andar de amoríos... Aturdido y sonrojado, comenzaste a ensayar tu mejor cara de disimulo mientras el corazón te congestionaba las sienes y parecía oírse el tum-tum agitado en toda la iglesia. Creíste ver a los santos de las paredes agarrarse la cabeza superados por la vergüenza ajena ante tu patética actitud. Cuando la mujer advirtió tu presencia había terminado de bajar la escalera y sacaba del bolsillo de su cárdigan gris un enorme manojo de llaves. Sus ojos, de un desvencijado azul profundo no pudieron disimular la mirada extrañada, pueblerinamente curiosa. Tenía la típica apariencia de la tieta solterona que se quedó vistiendo santos: el obligatorio rodete algo canoso, el rostro alarmentemente delgado, donde las arrugas habían establecido un dominio ya irrevocable, la camisa blanca prendida hasta el cuello, el crucifijo pequeño y plateado, la pollera larga y gris. Ya repuesto del susto inicial, desvanecidos los fantasmas que bajaron de la escalera junto con la mujer y mientras te saludaba con una casi imperceptible inclinación de la cabeza, comenzaste a preparate mentalmente para presentarte, le ibas a contar que una vez fuiste del pueblo, que recorriste sus calles en una bicicleta sin frenos, que hiciste un gol en contra con el que perdió tu grado contra la escuela de monjas en la final que se jugó en el Juventud Unida aquel 1979 y que una vez soñaste casarte con la nena (su hija) que cantaba en el altillo todos los domingos (esos ojos...) o al menos que un día la pasarías a buscar (te pasaría a buscar...) en tu moto enorme y brillante y serían felices en la gran ciudad. Pero nada logró convertirse en palabra contante y sonante, tu boca quedó muda y tu mente girando loca como el béndix de la moto cuando le daba por fallar. Intentaste gesticular lo que para vos era la mímica de un saludo, pero no lograste mover las manos siquiera (esos ojos...) Ella por fin habló, firme, claro y lentamente. Con una sonrisa tenue te preguntó si deseabas algo en especial, porque ya se había ido todo el mundo y ella estaba por hacer lo mismo. Un rápido mareo te sacudió por dentro como un ventarrón de Agosto cuando terminaste de oír su voz joven aunque un tanto cansada. Alcanzaste a balbucear algo de una promesa "pero ya está, ya cumplí" y que también te estabas yendo. Caminaron juntos hacia afuera en silencio y mientras cerraba el pesado portal colonial, ella comentó lo lindo que parecía ser ese domingo de invierno, "gracias a Dios". Justo cuando se encaminaba hacia la esquina, después de despedirse amablemente, pudiste soltar un "Cómo te..." pero el nudo en tu garganta y el miedo a escuchar que dijera "Sandra" hicieron que en vez de terminar la frase con "llamás?" dijiste: "...ngo que hacer para llegar a la ruta?". Ella se volvió y con un gesto ligero, te señaló desde la vereda un enorme cartel verde que decía "Salida a ruta 38" y una flecha que señalaba para allá.

*N. del A.: A Sandra, por supuesto, a Desireé y a Liliana. Una es la de ojos azules, la otra es la de aspecto angelical y la otra es la pianista, no en ese orden necesariamente ni cada una es toda Sandra. Son todas. El lugar: un lejano pueblo del noroeste de Córdoba.

2 de noviembre de 2004

Decisiones... o no.


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Hace frío esta noche en el centro. Ayer llovió todo el año, limpiando las calles, los techos y los humores a invierno sumergido en humo de quemas y bruma de escarnios. Hoy decidí bajar a dar un paseo y quitarme de encima la sombría parsimonia de las horas desgastadas. Hoy decidí que te iba a esperar en las escalinatas del monumento y que vería tu figura recortarse claramente entre los turistas y las sombras de los cañones. Hoy decidí que te abrazaría al salir a tu encuentro y que caminaríamos en silencio hasta los muelles o hasta tu umbral. Hoy decidí que no volvería a subir ascensores de ciudad y que descansaría en el rellano de tus piernas al atardecer.
Hoy pensé que tal vez decidías no volver a llamar, no volver a nombrarme, no volver a esforzarte. Hoy pensé que tal vez decidías cerrar la puerta, ponerle llave y viajar muy lejos. Hoy pensé que tal vez decidías recuperar los años de espera e indecisiones y mirar el horizonte menos geográfico que vivencial.
Hoy me siento en la vereda de la calle Córdoba y veo la vida fluir como el río. Los balcones silenciosos y el barullo de las ánimas, el trajín de los oficios y el crepitar de la llama. Hoy veo pasar los barcos y envidio su certeza ignorante de naufragios.
Hoy decidí que tal vez no era quién para decidir y que, como tantas veces, la suerte lo haría por nosotros. Y el destino indicaría los caminos, y el azar regiría las palabras o los silencios. Saco una moneda y resisto tirarla a la fuente de las estatuas y desear un prodigio o una fatalidad. Hoy decido que la moneda decida si decidí lo que decidí o si decidiste lo que pensé que decidiste. Hoy decidí preguntar en silencio si es cara te llamo, si es ceca aparecés por las escalinatas. Arrojo la moneda al aire, intento atraparla entre la palma y el antebrazo pero resbala y cae al suelo. Rebota una o dos veces y comienza a rodar calle abajo. La pierdo de vista al cruzar las vías abandonadas. Creo adivinar el salpicón al caer en el río.
Hoy decido que no es día para decisiones ni para seguir perdiendo dinero por cobarde.

*N. del A.: Daniel Salzano: La moneda es la misma que vos tiraste en la Plaza España. Ya ves... tiene esa manía de escapar y no resolver nada.