17 de junio de 2006

Glup!

Los miedos son necesarios para poder estar alerta y enfrentar situaciones que pueden ponernos en riesgo. En ese sentido son normales, esperables y útiles. Van cambiando con el tiempo y algunos son comunes a todos, independientemente de la historia y las situaciones particulares vividas. Sobreponerse a ellos dependerá de cómo el niño y luego el adulto aprendan a manejarlos, de la personalidad de cada uno y del modelo familiar. Los miedos más comunes en los primeros años se focalizan en ruidos sorpresivos, luces fuertes, extraños, oscuridad, tormentas, animales; miedo al agua. Y otros simbólicos como el miedo a los monstruos. En esa etapa todavía no se discrimina totalmente la realidad de la fantasía. La función de los padres en los primeros en los primeros cinco años de vida es darles a los chicos confianza, sostén y afecto para que puedan sentirse seguros y tranquilos; ayudarlos a que los expresen; observar que éstos no alteren su vida cotidiana ni se fijen como conductas permanentes. Por ejemplo, frente al miedo a los monstruos, conviene acompañarlos a su cuarto, recorrerlo juntos, buscar un muñeco "antimiedo" o un cuento que los ayude a dormir. Frente al temor a la oscuridad, dejar una luz tenue prendida o jugar con linternas. Si los truenos asustan, mirar juntos la tormenta, hablar de ella, contar los relámpagos. No meterlos al mar o a la pileta compulsivamente, sino prepararlos antes para ese momento y respetar sus tiempos. No asustarlos con sus miedos, ni usarlos para ejercer poder sobre ellos. Si no, en el futuro, pueden transformarse en "miedos invisibles", como el miedo al fracaso o a los cambios, al castigo, a equivocarse, que no les permitirá ser personas creativas, autónomas y con pensamiento propio. A medida que vamos creciendo, si aprendimos desde la temprana infancia a conocer los miedos y a convivir con ellos, se irán transformando y disipando, permitiéndonos vivir y crecer saludablemente.
Tino, Cris... cuando vuelvan tenemos que hablar... :S

5 comentarios:

Mery dijo...

Si no, en el futuro, pueden transformarse en "miedos invisibles", como el miedo al fracaso o a los cambios, al castigo, a equivocarse, que no les permitirá ser personas creativas, autónomas y con pensamiento propio.

chan!

Gabriel dijo...

Je... alguien nos anduvo sacando fotos, no? :P
Prestame la linterna Mery :S

Mery dijo...

No, boludo, no me saques la linterna que después la apagas y no la querés prender!!!! Todo con tal de asustarme!!!!

(y caramba si sabés asustarme...)

Gabriel dijo...

Jajajajajajaja!!!
Nuestra próxima incursión a la casa de Amelia consistirá en rescatar el MP3 de Kico, que se le cayó en la estampida luego que el muy valiente se cagara en las patas por un ruidito, como un rechinar de maderas. Percibir el cri-cri y salir aplastando soja fue una sola cosa! jajajajaja
Prometo que vamos a ir de día =P

Kico dijo...

Ma no!!! Estoy seguro que el MP3 me fue afanado... por vos, Yor o Anto, cuando no por los tres.

Y contrariamente a tu comentario, no soy cagón respecto de mounstros, godzillas, muertos, ánimas y espíritus chocarreros. Le tengo más miedo a ciertos tipos que merecerían estar muertos y comparten el sol con nosotros.

Si soy cagón pa´otras cosas... y bue...

Un abrazo

Kico